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Mortícolas y marginales

MELMAN Charles
Date publication : 16/04/2019

 

Mortícolas[1] y marginales

La pregunta que antaño se planteaba era qué formación era la menos mala para devenir psicoanalista: ¿médica o filosófica?

La médica era juzgada falaz debido a que sustituye la escucha por la observación y, sobre todo, por positivar el falo tomado como guardián de la vida y no, una vez negativizado, guardián del deseo.

La filosofía se extraviaba por estar guiada por el sentido que, aunque hubiese sido el bueno, descuidaba demasiado el no-sentido, fundador de nuestra humanidad.

En cuanto al médico letrado, aquél capaz de retener la primacía del significante a la del signo, hace un siglo que había desaparecido.

Quedaba el lingüista, genovés o americano, que casi nunca se dio la pena, cual Jakobson, de citar a Lacan o de emprender una discusión pública.

¿Entonces qué? Si no la deformación del neurótico por sus pequeñas desdichas, la cual podría llegar muy lejos si la neurosis precisamente no lo impidiera. Lo que define al neurótico es la subjetividad desdichada: el amo le impide al pobrecito desear como él querría. Coartada para vivirse como el Uno magnífico que hubiera podido ser si el Uno en el poder no refrenara un potencial que nunca hubiera salido a la luz.

La formación psicoanalítica siempre ha sido, como la de la Iglesia, gran proveedora de marginales. Manera de privilegiar lo anal sobre la lisis, cesura mediocre y fácil de hacer, lo cual no le impide ser verdadera.

Charles Melman

10 de abril de 2019

Traducción al español: Iris Sánchez   

 

[1] N.d.T.: Traducimos así el neologismo en francés introducido por la obra de Léon Daudet, “Les morticoles” de 1894. Su sentido sería el de cultivadores de la muerte.    

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