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Freud hace derecho

MELMAN Charles
Date publication : 22/05/2018
Dossier : Traduction éditoriaux

 

Es notable que los psicoanalistas ignoren el Derecho. No solamente porque es raro que se recluten a partir de esa formación universitaria, sino también porque en general desconocen aquel que, sin ser nombrado nunca como tal, se impone a cualquiera que esté comprometido en un discurso. 

Es éste, sin embargo, lo que dispone los lugares de los locutores, dispone del tipo de goce que se desprende de ahí, del sacrificio que éste cuesta, de su fracaso en realizarse como hombre y mujer. No es necesario ser jurista para saber que el derecho es lo que codifica las reparticiones que, de otra manera, quedarían sujetadas a lo arbitrario del más fuerte. En diversas circunstancias históricas el Derecho ha podido así regular el funcionamiento del Estado incluso cuando el poder resulta ser no sólo deficiente sino estar ausente.

Sin embargo, el análisis agrega al Derecho dos elementos esenciales, sin tener por eso la seguridad de poder enriquecerlo.

En primer lugar, el hecho de que un sujeto, dividido, tiene un pie en un campo y el otro en el Otro, y que es la división social entre amo y servidor, entre aserruchadores y aserruchados, lo que forcluye el hecho de que la castración recae sobre los dos, y que el goce no está necesariamente del lado que se lo imagina. Además, sucede que hay un discurso que expone a los locutores a la guerra para hacerse reconocer recíprocamente, exponiendo al Derecho a una casuística cuyo principio no tiene mejor justificación que las evoluciones de la opinión pública: es el discurso histérico.

Pero el discurso analítico, ¿podría en cambio hacer valer entre los partenaires un Derecho que, al contrario, fuese de principio? Una respuesta precipitada lo negará puesto que la atracción del plus-de-gozar, legitimado además por llegar al lugar del control, justifica el rechazo de todo límite. Habría así que hacer caso omiso del inconsciente para, refiriéndose a la propiedad que tiene el lenguaje de imponer la castración, volver el goce compatible con el mantenimiento de la vida. Es de lo cual, por supuesto, se burla alegremente el culto al consumo.

Pero el hecho que detiene es que, por una mezcla entre discurso analítico y discurso del amo, la vida de los grupos analíticos parece carecer radicalmente de Derecho. A falta de una insignia específica, el desenfreno de las pasiones para adquirir la insignia del amo es extraordinaria. En detrimento de la disciplina que se ha vuelto un pretexto.

Se puede recordar que, así como un Estado sin Derecho está entregado al capricho de su amo, de igual manera una organización sin Derecho está a merced del populismo. 

Ch. Melman - 12 de mayo de 2018

 

Traducción al español: Iris Sánchez                  

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