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Qué es una transferencia de trabajo?

MELMAN Charles
Date publication : 06/02/2014
Dossier : Dossier de préparation des journées Las preguntas sobre el objeto/Les questions sur l'objet

 

Pues bien, porque sabemos que, en la medida en que tenemos un inconsciente, el esfuerzo de trabajo nunca es recompensado a su medida, como lo hubiésemos querido; que si trabajamos, es siempre con fondos perdidos. En otras palabras, que el goce que vivimos en el trabajo conlleva la decepción que le es esencial. No hay duda que eso concierne primordialmente al trabajo del inconsciente, al trabajo propio del inconsciente, puesto que éste no logrará la captura del objeto que lo anima, quiero decir en el caso ordinario, en el caso habitual, lo que hace que no podamos especificar el fracaso de esa captura. Y es por eso que estamos atrapados unos y otros por esa neurosis que constituye la repetición del fracaso. Aquí, dos preguntas rápidas: de dónde viene la exhortación a trabajar, por qué nuestra pereza es siempre sentida como culpable? Y a continuación, a quién, pues, beneficiaría nuestro trabajo?

Esta exhortación a trabajar que nos hace sentir nuestra pereza como culpable, indiscutiblemente nos viene del efecto que sufrimos del significante amo, en tanto éste se refiere, toma su autoridad de ese al menos-Uno, esa instancia aislada por Lacan, y que la figura paterna sitúa en el lindero, cuyo surgimiento él sitúa en el lindero de nuestra cultura. A falta de este referente, si este referente llega a faltar, pues bien, pertenecemos a esas poblaciones que viven felizmente de la caza, de la pesca, de la cosecha, incluso de la vida pastoral. En otras palabras, las sociedades que viven perfectamente sin conocer el trabajo, es decir, que estiman que es Dios quien tiene que trabajar para ellas y abastecerlas de lo que necesitan. Si me permito esta pequeña excursión es sencillamente para subrayar hasta qué punto con gusto los psicoanalistas están precisamente en la misma posición que estas poblaciones. Quiero decir que ellos esperan que en el inconsciente, de alguna manera, les sea al fin proporcionado el hallazgo, que les llegue de él. En otras palabras, están cansados de producir sin cesar para ese Otro que obstinadamente se calla, y desearían que él les deslice esa recompensa que de alguna manera vendría a sostenerlos, a alimentarlos. Así mismo, es esta figura paterna que encontramos en el lugar de aquél supuesto gozar de ese producto de nuestro trabajo, aquél a quien complacería este excedente, esta plusvalía, este plus-de-goce. En otras palabras, ese explotador para el que tendríamos que suministrar sin cesar, y el que vendría a privarnos del goce cumplido que tendríamos derecho a esperar...

Me permito recordarles en esta ocasión que fue aquí en Roma que Lacan dio la fórmula del discurso del capitalista, que nunca lo hizo en Francia, por razones que le conciernen. Es una fórmula (creo que no hay pizarrón... perdón! SÌ hay uno, pero no me serviré de él) muy interesante en la medida en que nos da testimonio... Ustedes saben que es una inversión de la parte izquierda del discurso del Amo, y es \$ lo que está en posición de agente, en posición de control, mientras que S1 está en posición de verdad. Supongan el discurso del amo cuyos cuatro elementos estarían inscritos en una banda, ustedes operan una torsión moebiana de esa banda y tienen una inversión que hace que \$ esté en posición de control y S1 en posición de verdad. (1)

En otras palabras, lo que nos apelaría en el Otro para que produzcamos, para que cediéramos ese plus-de-goce, sería \$ en posición de control. En otras palabras, la pura oquedad en el Otro, el llamado, por qué no decirlo así?, el llamado del vacío, el llamado de su carencia. A propósito de esto Lacan hacía notar que con gusto el proletario denomina a su mujer "la burguesa": es para intentar satisfacerla que él responde a ese llamado del vacío que él percibe en ella.

Otra observación de Lacan al respecto, susceptible de interesarnos: si nosotros estamos en esta situación, así de neuróticos con respecto al trabajo, quiero decir en una posición que es de obligación y al mismo tiempo de reticencia, de rechazo, puesto que sabemos que seremos robados, que seremos explotados, que nuestro trabajo no será pagado. Pues bien, si estamos en esta situación, por lo tanto de neuróticos, no es menos cierto que este trabajo, lejos de liberarnos, en el caso que estoy describiendo, contribuye a convertirnos en siervos, a convertirnos en esclavos. Hay ahí esta fórmula extraordinaria de Lacan, llena de reflexiones: "Lo que vuelve siervo al proletario es, no obstante, ese goce que lo liga al trabajo. Es mucho más de eso que del amo de lo cual sigue siendo siervo". En tal caso, se concibe hasta qué punto esta relación con el trabajo -se lo puede decir así, si ustedes lo permiten-es una figura desdichada, yo diría, no de la consciencia sino de nuestra inconsciencia. Y el problema que de manera muy cursiva estoy abordando, es saber si nosotros en tanto analistas somos capaces de salir de ese apuro, de escapar a eso.

Es cierto que a partir del momento en que estamos en condiciones de descubrir que el amo del que se trata es una de las figuras construidas por nuestra relación con la estructura, un efecto de nuestra relación con el lenguaje, en la medida en que percibimos que el amor, el amor de transferencia con el cual tratamos de descansar de ese trabajo, tratamos de detenerlo un momento, de responder a ese gran Otro exigente, diciéndole: "Pues bien ya está... te ofrezco lo mejor que puedo ofrecerte, es decir, mi amor" -lo que evidentemente es al mismo tiempo parar en seco nuestro esfuerzo. "Vamos a amarnos recíprocamente: buena manera de hacer una pausa que evidentemente puede prolongarse la vida entera. Es por eso que la transferencia en la cura, por supuesto, puede constituir su motor, puede constituir también el punto de tope, el punto de parada definitivo del esfuerzo emprendido en el caso del análisis.

Entonces, si es posible por la cura, la que obliga al inconsciente a trabajar, quiero decir, lo obliga a salir de esa pereza en la cual él quisiera permanecer, a desalojar al amor por el cual él intenta descansar de la fatiga, con el cual él intenta responder a la exigencia del Otro, a la exhortación del Otro; pues bien, si esto es cierto, se puede ver cómo efectivamente, a partir de ese momento, el trabajo se presta para nosotros a una verdadera reapropiación. Ya no es esa alienación del trabajo para el otro, sino trabajo que a partir de ese momento se vuelve el trabajo que el sujeto hace para sí mismo. Con una finalidad muy precisa, en el análisis: él trabaja para tratar de liberarse, en la medida de sus posibilidades, de esa obligación en la cual el lenguaje lo atrapa y hace de él alguien que, en la vida, sea esa especie de espectro extraviado: que no sabe lo que hace, no sabe lo que quiere, no sabe lo que dice. Como ustedes saben esa es la condición totalmente ordinaria de nuestra existencia.

Al respecto yo quisiera, sobre esta observación concerniente a la necesidad para el analista de considerar este momento posible de una reapropiación del trabajo, ese momento en el que el trabajo tomaría para él y, quizás, para los demás, un sentido completamente diferente, quisiera hacerles notar lo siguiente: los discípulos, a quienes se denominan con ese nombre, son habitualmente personas que están en una posición extremadamente difícil y peligrosa. Si se hace un breve recorrido del lugar de los discípulos en la historia del pensamiento, se puede constatar que lo que ellos producen, en general, es ca-tas-trófico. En general, lo que hacen los discípulos, es lo peor que hay.

Y se pudiera comenzar, si ustedes quieren, por lo que Aristóteles hizo de Platón, es decir, la manera en la que él transformó una enseñanza que estaba organizada en el decir, en la enunciación, lo que la hacía reposar enteramente sobre la enunciación y sobre el diálogo, él lo transformó en una enseñanza organizada por una continuación de enunciados. Evidentemente, se pudiera muy rápidamente epilogar sobre lo que los discípulos hicieron de Hegel, sobre lo que los discípulos han hecho de Marx, y luego, por supuesto, tendríamos que interrogarnos sobre lo que los discípulos harán de Lacan. Por qué los discípulos están habitualmente atrapados en una posición tan peligrosa y tan embrutecedora para ellos? Por la siguiente razón que les propongo muy rápidamente. Lo que era el real de la enseñanza de su maestro y que evidentemente es esencial para esta enseñanza intentar: no tanto comprenderla, sino situar correctamente ese Real que hace tope en la enseñanza de su maestro, Real que crea problema constantemente, que constituye el verdadero objeto de la enseñanza de su maestro, pues bien, ese Real, los discípulos, inevitablemente, lo olvidan, lo pierden.

Y lo que se vuelve su propio real es el texto de su maestro, sus palabras, sus escritos. En otras palabras, ellos se transforman en hermeneutas y desde ese momento para ellos se trata de interpretar, peleándose entre sí para saber quién ha interpretado mejor el pensamiento del maestro, desde ese momento se trata de interpretar cuál era el verdadero sentido de la enseñanza de ese maestro. Incluso cuando el maestro ha permitido, -esto fue recordado muy bien esta mañana, entre otros, por Jacqueline Risset-cuando el maestro ha especificado bien que toda su enseñanza estaba hecha para desprendernos del sentido y liberarnos de esa idea de que el mundo estaba organizado por un gran Texto que para nosotros se trataría de descifrar.

Pues si el inconsciente, si el inconsciente está organizado por la lengua, pues bien, como ustedes saben, eso es lalengua, es decir, de ningún modo un lenguaje. El inconsciente no es un libro, no es un texto escrito, no es un texto dotado de sentido. Con seguridad es una escritura, pero respecto a la cual, si queremos justamente ponernos un una posición correcta frente a él, no podemos de ninguna manera comportarnos como hermeneutas.

El problema, pues, de la transferencia de trabajo, en la media que responde y se opone al amor de transferencia, es una invitación -en tal caso, es así como lo propongo, que en lo que me concierne hago de ello una exégesis-a servirnos de la enseñanza de Lacan para tomar los instrumentos que él nos da, y los cuales él mismo utilizó, para tratar de liberarnos de ese dominio que sufrimos, cuyos efectos somos, que soportamos por parte del lenguaje; de tal manera que, entre otras cosas, encontremos aunque sólo fuera frente al trabajo, una relación que ya no sea ni neurótica ni alienada, sino que pueda ser una relación alegre.

Si es cierto que ella nos permite sostenernos en ese esfuerzo del que hablaba, que mencionaba hace un instante y que, me parece, pudiera ser el punto que produciría entre los alumnos de Lacan, (ya que los alumnos de Lacan son quizás otra cosa, precisamente diferente a discípulos puesto que son los alumnos de Lacan) pues bien, quizás es este punto que podría producir entre los alumnos de Lacan el tipo de comunicación, el tipo de lazo que, por otra parte, sean cuales fueren sus horizontes, sus opciones, sus inclinaciones personales, sus amores transferenciales, etc. ... pudiera producir, si puedo decir, su signo común de reconocimiento.

Eso es, pues, lo que quería hacerles notar esta mañana.

1. N.de laT.

Discurso del Amo Discurso del capitalista

Traducción: Iris Sánchez

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