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La transmisión por Jacques Lacan

MELMAN Charles
Date publication : 06/02/2014
Dossier : Dossier de préparation des journées Las preguntas sobre el objeto/Les questions sur l'objet

 

Entonces me pregunté qué podía representar ese la be la para esos niños...Este label, ese labelo, esa labela, esa belle eau (bella agua) por supuesto, y luego me dije que ciertamente era una cosa arreglada por los organizadores de esta jornada, que sin duda querían a la vez rendir homenaje a nuestra amiga María Belo aquí presente y luego, también que quizás cantaban la a.s.b.l. ho, la a.s.b.l. ho.[2] Entonces, me voy a unir al coro de esos niños para decirles, para intentar defender ante ustedes esta posición que es que la institución analítica no solamente no es un obstáculo al análisis, sino que tendría que ser el lugar mismo del análisis. Y esto, de qué manera? Para esto partiré de lo que, pienso, ha interrogado a algunos de ustedes: por qué cuando ustedes han sido mordidos por el análisis, no logran renunciar? Hay numerosas y diferentes actividades posibles, parece, y sin embargo ustedes permanecen así, cual jamelgo, arrastrando la misma carreta sin necesariamente saber bien por qué.

Entonces, si uno trata de responder a esta pregunta, ustedes pueden eventualmente decir esto: de algún modo el análisis les ha dado el deseo de no detenerse en ese plano fijo, en esa imagen detenida que constituye el fantasma y captar lo que tiene que ver con su verdad y, en consecuencia, a partir de ese momento, todos los bienes que se ofrecen a profusión, todas las ocupaciones, todas las distracciones, incluso los placeres que son así posibles, les parecen relativos frente a lo que ustedes se pusieron a buscar y, con este efecto extraño: una vez que se han comprometido en la experiencia, de una manera completamente inesperada van a sentir la tentación de repetir la experiencia con otros, es decir, llevarlos a ellos también a comprometerse en esta vía seguramente extraña, puesto que, como saben, al final de esta búsqueda ustedes no podrán ofrecerles - es eso lo que, entre otras cosas, Lacan nos ha transmitido como saber y lo que cada uno de nosotros ha podido comprobar - ni transmitirles ningún bien ni ninguna certeza, ni asegurarles ninguna guía de vida; ustedes solamente pudieran someterlos a la prueba de esa nada en el Otro que, por su objeto causa del fantasma, ellos han intentado habitar.

Esta es una prueba que los analistas encuentran cuando, por ejemplo, escriben un artículo o bien cuando se ven obligados a hacer una exposición, es decir que frecuentemente les sucede -esta mañana ustedes podían hablar de eso con Christian Simatos - tener el sentimiento de que al final de su trabajo no han captado nada. No han dejado de darse las vueltas, lo que en el mejor de los casos es susceptible de provocar en ellos cierto sentimiento de excitación pero, al mismo tiempo - hay que decirlo - el sentimiento de que todo eso, vale qué? Qué es lo que vale finalmente todo eso? Puesto que lo que hubiera sido ese argumento que habrían podido hacer palpar, la prueba.

Esta mañana recordaba ese sueño de Freud, de su propio cuerpo, la parte inferior del cuerpo expuesto, disecado ante los ojos de todos. Era un sueño, pues ni siquiera es lo que el analista puede ofrecer como testimonio, como prueba de lo que él avanza y, en consecuencia, en el analista con bastante facilidad, junto a ese sentimiento de exaltación, hay un sentimiento que eventualmente puede ser ya sea de desaliento, ya sea un sentimiento de que ha fallado el asunto, puesto que no ha podido hacer de otro modo sino circunscribir lo que hablaba. Una vez me sucedió presentar a Lacan un trabajo y él me dijo con ojos iluminados - lo que a menudo le ocurría, eso no estaba reservado para mí...: « Este trabajo es un verdadero cristal ». Vaya! No me detendré en el significante del asunto aunque deberíamos, pero quisiera decir que salí de ahí y no sabía muy bien lo que debía pensar de eso...

Todo esto para llegar al problema que nos concierne hoy, el de la institución. Es un problema, como ustedes saben, de topología. Se trata de “stay in”; se trata de ponerse en alguna parte en un lugar. Y el problema es evidentemente lo que funda ese lugar, puesto que las instituciones a las cuales nos referimos son necesariamente instituciones que tienen su referente, que tienen su fundación, su historia, sus ancestros. Ustedes pueden tomar todas las instituciones que quieran, la familia es una institución, la escuela es una institución, el matrimonio es una institución: lo propio de las instituciones tales como están para nosotros habitualmente organizadas, es hacer que frente a ellas, -y eso creo que ha sido muy bien señalado por quienes me han precedido en esta mesa-frente a una institución sea cual fuere, usted se halla siempre en posición de ex instituidos, ustedes están ex instituidos con respecto a la institución sea cual fuere. Ese es otro efecto topológico, yo diría que el problema de la institución analítica es hacer que ella sea el lugar de todas las ex instituciones. Y eso, de qué manera? Pues bien, precisamente, a partir de lo que ella revela y que forma parte del saber de ustedes que ya circula, etc., el lugar que la funda no es, contrariamente a lo que se imagina, un lugar habitado por los fundadores. Si es un lugar habitado por los fundadores, es decir, si en ese real ustedes vienen a albergar a los fundadores, ya sean Freud, Lacan, Winnicott, Melanie Klein, Dolto, quienes ustedes quieran - eso no tiene importancia ustedes se encontrarán en una posición que es propiamente psicótica[3] frente a lo que los fundadores han podido avanzar, pues lo que de hecho esos fundadores han avanzado esa es la originalidad del psicoanálisis - es que ese lugar en el Otro que constituye el abrigo de todas las ex instituciones de ustedes, ese lugar está vacío y, en consecuencia, en ningún caso, ellos en sí mismos no pudieran venir a ocupar ese lugar a pesar de la facilidad que nos procure - al costo del efecto psicótico, acabo de decirlo - el hecho de querer ponerlos ahí, es decir, comprometernos al mismo tiempo en todas las operaciones de filiación, de engendramiento, de herencia, de reclamo de prioridad, de querellas de propiedades, en fin, quiero decir, todo lo que es ordinario en este tipo de situación y que está ahí perfectamente descarriado, descarriado precisamente con la enseñanza de esos fundadores, en tanto que en sí mismos no vienen - ya sea que estén muertos o que no lo estén y a pesar de lo que puede ser el deseo de algunos - a alojarse en ese real. Pues sus lecciones, y es por eso que se trata de psicoanálisis, es que al final de la búsqueda de cada uno, lo que él puede descubrir, si lo quiere, más allá de todas las distracciones que le son ofrecidas, ayudado del confort que él pueda encontrar en la existencia, quiero decir del principio del placer -es por eso que había en Lacan esa obstinación que Christian Simatos señaló bien, obstinación que era: « No descanse, hombre, vaya hasta el final » - pues bien, ese lugar está vacío. Es ese lugar en tanto tal el que es susceptible de constituir el abrigo de quienes se quieran psicoanalistas, puesto que son los únicos en haber cubierto los gastos de la susodicha experiencia, - no se trata de una especulación metafísica - son los únicos en haber pagado su precio y en ser sus cautivos, en lo sucesivo. Pues este es el problema : han devenido sus cautivos; ya no pueden hacer de otra manera sino así, sin cesar, tener ganas de estar atrapados en ese automatismo de recomienzo.

Eso hace que este lugar comande qué? No está sometido a ninguna exhortación de cualquier ancestro superyoico, ya se llame Freud o Lacan o que se llame como ustedes quieran en la serie. Él comanda esto: que el trabajo de ustedes contribuya a hacer valer todas las consecuencias de esta verdad, transferencia que, a partir de ese momento, es transferencia de trabajo y que concierne a tantos ámbitos, ámbitos que no son solamente aquellos de la especulación, quiero decir aquellos de la divagación, sino que tiene que ver – discúlpenme -con nuestra responsabilidad frente a la sociedad. Quiero decir lo que es legítimo que en tanto psicoanalistas le devolvamos, que sea lo que fuere que ella haga con eso, lo quiera o no, que eso le plazca o no, ese no es nuestro problema. En todo caso, nuestro problema es, me parece, mantener nuestro lugar viniendo a decir, sobre algunos puntos, las conclusiones que al respecto son las del psicoanálisis, en los campos conexos que conciernen, que interesan al psicoanálisis.

Estas últimas semanas he tenido una experiencia bastante curiosa, y es que me encuentro en sitios bastante extraños, bastante aberrantes. El jueves me encontré propulsado en una tribuna con vecinos completamente intimidantes para mí, algunos profesores en el Colegio de Francia, notabilidades del mundo intelectual parisino, todo eso para discutir la cuestión de la enseñanza de la religión en la escuela. Qué fue lo que me sorprendió en esta historia, en la que me preguntaba qué venía yo a hacer ahí, pero en fin, había sido invitado, me parecía bueno -con o sin razón - asistir... Qué fue lo que me sorprendió? Fue que esas personas entre las cuales me encontré acorralado, eran personas de una inteligencia extremadamente brillante, rápida, y que sólo tenían un defecto : ellas ya habían oído todo. Quiero decir que ya no había nada más que decirles, o si ustedes les decían algo que no habían oído ya no podían oírlo. Como ustedes ven, eran universitarios, es decir que al mismo tiempo esta inteligencia considerable - debo decir que yo estaba seducido por su inteligencia - era tonta porque no tenían la más mínima idea y ni siquiera podían aceptar lo que el psicoanálisis, sobre ese problema totalmente local, era susceptible solamente de hacer notar, de puntualizar. Debo decir que sentía en mis hombros una responsabilidad de la cual me preguntaba de dónde me venía y en qué tenía yo que asumirla, deber intentar hacer oír un pequeño algo que era, precisamente, lo que el psicoanálisis nos enseña por ejemplo a propósito de ese problema.

Pudiera dar otros ejemplos a propósito de las extrañas peregrinaciones en las cuales me encuentro atrapado. Hice un muy reciente viaje al Caribe para trabajar con analistas de esa región y tuve la sorpresa considerable de constatar lo siguiente : se hallan ante lo que, con un término tosco, se llama un material considerable, apasionante, enorme, pero que es, si puedo decir, perfectamente desviador, disímil de aquel con el cual tenemos que vérnosla en nuestros climas, en nuestras comarcas. La subjetividad a la cual están confrontados en su región no es en absoluto la misma que la que está organizada entre nosotros. Ahora bien, su preocupación es cuál? Pues bien, en primer lugar, adquirir ese saber psicoanalítico que les permitiría dominar esta sintomatología; por otra parte, ellos juzgan esta sintomatología regularmente deficitaria con respecto a las normas que son las de este saber, sin aceptar reconocer el carácter eminentemente positivo de las organizaciones con las cuales tienen que vérselas -tienen que vérselas con sistemas de parentesco que no son los de la familia patriarcal y, regularmente, esta particularidad es juzgada como fenómeno de déficit con respecto a la función paterna tal como se la supone existir en nuestros climas. En otras palabras, se trata sin cesar de corregir este defecto que observan entre ellos, en lugar de considerar como un sistema de parentesco original, positivo, aquel con el cual tienen que vérselas, y a partir de ahí tener que pensar las respuestas originales que deben darle a quienes vienen a verlos, es decir inventar, encontrar estas respuestas.

Podría además darles otro ejemplo : la otra noche nos encontramos en una reunión del todo sorprendente, una cena-debate con psiquiatras. En tal caso, ahora se dice: la psiquiatría se acabó, psiquiatría, psicoanálisis, están en divorcio, se acabó: la biología, la neurofarmacología, el conductismo, el genetismo, etc., bueno. Fue sorprendente ver hasta qué punto quienes estaban ahí estaban extremadamente atentos y sensibles a lo que el psicoanálisis era capaz de hacer valer como reflexión sobre una pregunta de psiquiatría que fue abordada.

Por qué les digo todo esto? A propósito de la cuestión de la transferencia de trabajo, es decir, que existe todo este trabajo cuya responsabilidad tiene el analista de tener que restituirla a aquellos con quienes él vive y quienes harán, digo bien, todo lo que les plazca hacer con eso, pero que es legítimo que ellos lo oigan. Entonces, si efectivamente el lugar que funda una asociación de psicoanalistas se refiere a esta especificidad, a la especificidad de ese lugar, a partir de ahí ustedes ven - yo diría - todos los estorbos que se barren, se quitan, quiero decir todas las tonterías de las cuales, de entrada, nos limpiamos, puesto que no se puede decir que la tarea del psicoanalista sea ni la de repetir a Freud, ni repetir a Lacan, ni repetir a quien sea, ni tener que hablar para responder a su superyo. La tarea del psicoanalista es, en primer lugar, responder al por qué le vienen a ver, es decir, algunos síntomas y eso, eso requiere de su parte, primero, cierto trabajo. Hace un rato, en privado, hacía notar esto...Voy a plantearles la pregunta a ustedes: Acaso saben cómo tratar una fobia? Acaso saben ustedes? Cuando tienen que vérselas con un caso de histeria que evidentemente depende de su organización patológica, dolorosa, sufriente, acaso saben qué hacer? Cuando ustedes reciben a alguien que viene porque quiere matarse - y lo dice simplemente, no es un melancólico y su deseo es suprimirse - acaso saben ustedes cómo responder válidamente? Cuando ustedes tienen que vérselas con una neurosis obsesiva que perdura que no se mueve y que se prolonga, de la cual ustedes ven muy bien que van a pasar la vida con ella, su vida entera, en resumen, que Él espera que ustedes desaparezcan, qué hacen?

Hacía notar que una asociación de psicoanalistas primero debería ser el sitio en el cual este tipo de preguntas debería, muy sencillamente, poder plantearse, discutirse, elaborarse, trabajarse. No solamente el sitio al que venimos a hacer una linda exposición. No está mal, está bien! Pero yo, por mi lado, debo decir que prefiero las exposiciones de aquel que viene a tener en cuenta sus dificultades.

Cuando tenemos nuestro seminario de verano me gusta que vengan a explicar los puntos difíciles, pero también me gustaría que se hable de los puntos que son esquivados, para decir que a Ésos no se los ha entendido. Por qué no decirlo? Qué hay de malo en eso? Pues bien, me parece que si están claras las particularidades del lugar susceptible de asegurar la ex institución de los psicoanalistas, pues bien, todo esto no debería plantear problema, ni dificultad y, a partir de ahí, las relaciones entre ellos pudieran también simplificarse.

Ustedes saben que en el problema de transmisión hay nuestras referencias. Yo diría que ellas son inevitablemente por lo menos dobles, pues sólo hay dos que conocemos realmente bien; hay una tercera que conocemos menos bien, cómo se hace su transmisión, es la de la religión. Pero existen dos transmisiones que conocemos bien. Una es la que nos liga al padre y la otra es la que nos liga al educador.

Es evidente que la transmisión hecha por el padre, cuando no se es analista, no sabemos muy bien, espontáneamente, no sabemos muy bien cómo funciona eso. Puesto que, después de todo, no son sus lecciones que hemos retenido las que nos han marcado sin que lo sepamos. Es por lo que él ha tenido a bien decirnos. A veces nos hemos opuesto violentamente a nuestro padre y luego, sin embargo, constatamos toda la identificación que a veces, en esta misma oposición, manifestamos con respecto a él. Ustedes saben que por más que hayamos querido rechazarlo así, en ese mismo movimiento de rechazo nos apoyamos en él para rechazarlo. Eso crea situaciones cuya complejidad no es solamente subjetiva... Sería necesario que en una asociación de psicoanalistas esto sea eventualmente un tema de trabajo, algunos fenómenos biológicos como los fenómenos auto inmunitarios, quiero decir, la manera en la cual el cuerpo desarrolla anticuerpos contra sí mismo. Tal vez en algunos casos ustedes observan estos fenómenos biológicos en sus pacientes. Quizás pondrán atención, en esos casos, a la relación singular que estos pacientes pueden tener con aquel con el cual están identificados y que eso puede tener eventualmente quizás - investiguen, trabajen - eso puede tener consecuencias biológicas que no son indiferentes. En todo caso, la transmisión hecha por el padre nos parece a su vez inmediata pero, al mismo tiempo, no sabemos dónde estamos acorralados por lo que él nos ha transmitido, salvo al hacer un psicoanálisis y al saber que, justamente, es a nivel de la castración que eso ha ocurrido.

La relación con el educador, con el enseñante, de la cual sabemos en qué medida también suscita una transferencia, - es muy evidente que no hay enseñanza que no provoque y que no se sostenga de efectos de transferencia, todos ustedes conocen eso muy bien - en tal caso, evidentemente, la transmisión es de un orden completamente diferente, puesto que parece que Éste es algún saber que les es dado, que ustedes engullen, es por la absorción de ese saber que se hace la transmisión. Pero como ustedes saben, no harán avanzar las cosas sino por un efecto de demarcación. A reserva de hacerse el sacerdote de ese saber, si ustedes quieren aportar algo habrá que moverse, además, no basta con moverse para haber aportado algo con respecto a ese saber. En fin, no entro en estos detalles, lo que simplemente quiero decir sobre esos dos grandes modos de transmisión, como son el modo de transmisión por el padre y el modo de transmisión por el enseñante, pues bien, es que no hay sino el psicoanalista quien zanje, hay que decirlo, enseñándoles -cuando ustedes quieren hacer el esfuerzo de un psicoanálisis - enseñándoles lo que tiene que ver con ese saber que, al mismo tiempo, la castración ha llegado a constituir con ella. Es decir que el psicoanálisis es el único en capacidad de venir a purificar, a limpiar esta relación tanto con el padre como con el educador. Pero sería, confiésenlo, una singular paradoja que en su campo, no haga sino repetir y sostener lo que a la vez fue esa relación con el padre y el educador, como si buscara juntarlos y desesperadamente mantenerlos, preservarlos con - como lo hice notar hace un rato - todas las ventajas subjetivas que eso conlleva.

Una transmisión, se puede decir que hay por lo menos tres. Hay una transmisión de la que se puede decir que es real. Entonces la transmisión real, es aquella que se descifra donde el notario. Hay una que, con seguridad, es imaginaria, es decir la que ustedes creen deber investir, ustedes imaginan que les corresponde por derecho transmitir, proseguir, que ustedes son un hijo imaginario o una hija - poco importa. Y luego, hay una transmisión simbólica. Entonces, qué es eso? En qué consiste? En el transcurso de mi trabajo sobre la neurosis obsesiva les he interrogado a ustedes, he interrogado a mi auditorio sobre el siguiente hecho: por qué el Hombre de las ratas tiene que pagar la deuda de su padre? Yo quisiera que me lo expliquen. Todo eso parece hoy día tan simple. Se dice: sí, Él tiene que pagar; ya está, los padres comieron las uvas verdes y son los hijos quienes tuvieron los dientes dispuestos. Muy bien. De acuerdo. Pero, cómo sucede eso? Eso depende de qué y por qué esa obligación?

Pues bien, yo, lo que propongo para responder a esta pregunta es que la transmisión simbólica es siempre la de una deuda, es decir, de lo que no ha sido cumplido por los predecesores, por los ancestros y que el hijo, para mantenerse en el Otro, retoma a cuenta propia. Él continúa el combate, lo quiera o no. Entonces, qué es lo que no ha sido asegurado por los ancestros? En otras palabras, por qué nos encontramos todos ante una deuda a pagar? Cuales quieran que seamos. Pues bien, podemos responder al respecto: lo que ellos han dejado en suspenso es el goce que no han cumplido. No han llegado hasta el final. Ese es el pecado original, aunque para algunos sea difícil de comprender. Que el único pecado que hay, el único que vivimos como pecado, es no llegar hasta el final del goce que nos es prescrito por el Otro. Es por eso que, por ejemplo, en ciertos casos, hay místicos en los que, como sabemos, el único esfuerzo es llegar a su manera hasta el final. Si de algún modo esa es la carga que ellos nos han dejado y que perpetúa nuestra deuda y que perpetúa nuestro pecado, vemos bien cómo, en esta materia, el psicoanálisis es susceptible de introducir justamente ese vuelco radical en la cultura, no hay que tener miedo de decirlo. No somos agitadores, no somos revolucionarios. Tengo la costumbre de pensar que para devenir analista, no está mal venir de un medio pequeño burgués. Pero no de un medio pequeño burgués reciente, muy fresco, no, sino de una larga tradición de la pequeña burguesía. Por qué? Pues bien, porque en ese medio ya no se dejan ilusionar sobre los valores. Es incluso por eso que, en general, al final de este recorrido esta clase de familia burguesa va hacia el ocaso, quiero decir que ya están hartas. Uno se asombra de ver familias desaparecer así; pues bien, las personas procedentes de estas familias son del todo aptas, por predestinación, para saber que en ningún caso, ni el deseo ni la necesidad pueden ser satisfechos y que entonces hay que buscar otra cosa y de otra manera. Y son quizás aquellos que, por ejemplo, en la literatura han podido dar los mejores testimonios de alguna sabiduría al respecto. Quiero decir funcionar sin el lirismo de los mañanas que van a cantar, o la conmiseración sobre la miseria cotidiana.

Entonces, si les hago estas pocas observaciones es para decirles que en lo que concierne a la transmisión simbólica, efectivamente, tenemos ahí algo que Lacan nos ha dejado a todos aquellos que lo quieran, ya sean sus alumnos directos o indirectos, o laterales, etc., pero que él dejó a los psicoanalistas a título efectivamente de una deuda, es verdad. Personalmente, debo decir que me siento en deuda con respecto a lo que he recibido de él, y es cierto que en mi forma, cual jamelgo, al continuar arrastrando mi carreta, es cierto que de cierta manera cumplo ahí con algo que considero, cómo diría, una imposición no ilegítima.

En tal caso, en lo que es nuestro grupo, es decir la Asociación Freudiana -donde, a decir verdad, este tipo de charla que sostengo aquí, no solamente no sorprende porque de alguna manera está en las costumbres, está en las mentes - se ha dicho que la AF había sido fundada con mis analizantes. Es cierto que mis analizantes están en la AF, pero también hay muchos de ellos que están en otra parte, incluso que han podido fundar por su lado máquinas bastante inverosímiles. Y si alguno, sin malevolencia, hubiera querido poner atención a la composición del directorio de la AF hubiera visto el muy pequeño número de aquellos que eran mis analizantes, entre quienes han fundado, quienes eran responsables de la AF y que eran personas que yo no conocía de ninguna parte, excepto porque en ocasión de algunas reuniones, provocadas por el maelstrom[4] de la disolución de la Escuela Freudiana, nos encontramos en posiciones vecinas y que a partir de ahí... No voy a dar nombres aquí, pero correría el peligro de parecerles sorprendente, ver hasta qué punto, de manera alguna, eso no se organizó por la fascinación de la transferencia. Sea lo que fuere, en la AF es habitual recordar que no es porque tratemos de validar estas posiciones teóricas que al mismo tiempo seamos los mejores. Menos aún los únicos, en la medida en que no buscamos de ninguna manera ser los mejores, buscamos sencillamente ser coherentes con lo que el psicoanálisis nos enseña, es decir, mostrarnos psicoanalistas en la vida social y mostrar que es posible que exista una vida social que sea específica de los psicoanalistas. Eso no quiere decir que no existan todas las tentaciones que se puedan imaginar, por supuesto, no se le pide a nadie ser un superhombre o una supermujer, sino el problema es hacer que la institución, en su funcionamiento y en sus principios, no sea desviada ni minusválida, ni esté marcada por los problemas interpersonales diversos que puedan existir. En otras palabras, que lo que funda la legitimidad de este grupo sea mantenido como tal y prime como tal. Que eso sea lo que se busque.

Evidentemente, podemos amarnos, no amarnos, celarnos, disputarnos, considerar que aquél es mejor tratado que otro, etc. Pero por qué no? Bueno, de acuerdo. Pero queda que, en el trabajo, hay que preservar lo que cuenta al respecto, es lo que yo llamaba hace un rato la transferencia de trabajo. Entonces, lo digo y lo repito, hay una cuestión que me pareció muy pertinente esta mañana, primeramente eso no quiere decir, en ningún caso, que seamos los mejores. Tratamos de trabajar. Hay quizás sobre tal o cual punto, otros que estén en avance y podemos sencillamente lamentar que no nos lo participen, que no lo podamos aprovechar.

La segunda cosa es lo siguiente: no excluimos a nadie, digo bien a nadie, es decir que consideramos que los psicoanalistas tal como existen son síntomas -síntomas de Freud y de Lacan-y que lo que hay que intentar, lo logremos o no, es que el psicoanalista ya no sea un síntoma. En la medida en que tenemos que vérnosla en el medio psicoanalítico con síntomas, no tenemos que tratarlos por medio del rechazo, ni por la denuncia, ni siquiera por la crítica. Tenemos que tratarlos por el hecho de que si ellos son psicoanalistas, pues bien, un trabajo debe siempre ser posible, ser pensable, que todo esto debe ser elaborado y, entonces, debo decir que al respecto, como ustedes lo saben, creo que somos justos.

Recientemente hubo -y creo que, por supuesto, todos ustedes han estado impresionados desfavorablemente por eso - un personaje de una sociedad cualquiera que, en la prensa, ha creído deber derramarse en denuncia, en delación contra gentes que, en primer lugar, se autorizan de cualquiera o de s mismos; en segundo lugar, hacen cualquier cosa en su práctica; y en tercer lugar, en cuanto a los efectos terapéuticos, en tal caso no hablemos de eso. Pero si se hubiera escuchado un poquito, este personaje, se hubiera dado cuenta rápidamente de que aquel a quien él denunciaba así, era quién? Pero era él! Pues en fin, en quién se autoriza y en qué! Y luego su práctica, no es porque ella respondería a un formalismo cualquiera que de golpe se hallaría necesariamente validada y justificada. No es porque, por ejemplo, uno es anglosajón y que por el número de sesiones, uno respete la semana inglesa que, al mismo tiempo, eso sea un formalismo adecuado. Y luego, en cuanto a los resultados terapéuticos, en tal caso, creo que cada uno debe legítimamente, ser reservado al respecto, quiero decir sobre todo no ir a presentarse diciendo: « Donde mí, uno se cura todas las veces ». Lo que hace entonces que su charla y sin él saberlo ciertamente-estaba más dirigida contra el analista en tanto tal que contra tal o tal grupo de analistas. Eso es - y voy a terminar con esta observación-eso es, en mi opinión, un problema: el analista puede tener muchas razones para odiarse. Él puede tener muchas razones para querer su desaparición de una vez para siempre. Porque si es él quien viene a funcionar en nuestro sistema como la causa de todo este desorden, se puede perfectamente imaginar el odio que, con justa razón, él puede acumular contra él. No sería absurdo pensar que las diversas instituciones analíticas han funcionado, esencialmente, como tentativas de arreglar sus cuentas a los analistas y al análisis.

Que actualmente estemos en una situación, quiero decir, en la que este tipo de sentimientos se culminen, de odio contra el analista -yo no llegaría a desarrollar el por qué, ni todo eso, dejo eso tranquilamente de lado - es seguramente una razón más para que en nuestro grupo no participemos en este tipo de autofagia. Eso es quizás porque a veces uno se traga un poco demasiado a sí mismo - evidentemente, pero eso es asunto de cada uno - y entonces, digo bien que al contrario nosotros velamos, en la medida de nuestros medios que son limitados, por un poco de decencia y de mesura, a pesar de todo lo que vemos producirse en nuestras zonas y que es bastante desagradable...

(...) problema que se plantea en términos de conquista de mercado y de cosas como esa... A pesar de todo eso, en todo caso, no podemos hacer de otra manera, precisamente a título de esta transmisión simbólica de la que hablaba hace un rato, es decir, de lo que hemos encontrado en el bolsillo, una vez desaparecido Lacan. Lacan no está aquí, qué me queda?

Saben ustedes la actitud que tenía Lacan respecto a pacientes que, en sus bolsillos, se encontraban con una herencia? Saben lo que él pensaba? Él pensaba que el tipo que se encontraba con una herencia en sus bolsillos - hablo entonces de una transmisión real primeramente, que el tipo estaba completamente jodido - eso puede encontrarse en sus textos; en segundo lugar, que no tenía sino una sola manera de intentar sacarla de ahí: que se la roben! Entonces evidentemente, hay quienes aceptaban, hay otros que no aceptaban o que decían: « Eh, cuidado, espere un momento! ». Hay otros también que conocemos, que se marchaban; y a decir verdad, eso no parece haberlos perjudicado, eso parece incluso haberles dado alitas, así, una cierta ligereza. Es cierto que ya no tienen nada en los bolsillos para lastrarlos. Entonces flotan un poco... Por qué están jodidos? Porque es evidente que se convierten en la propiedad de ese bien. Eso es muy conocido, cuando ustedes tienen un bien, es él quien los posee a ustedes. Además no ha hecho falta el análisis para decir cosas como ésta. No son ustedes los propietarios, es el bien lo que les sujeta y ustedes se han vuelto su siervo.

Entonces, lo que algunos han podido encontrar en sus bolsillos, una vez desaparecido Lacan, era quizás del orden de la transmisión imaginaria, no sé, pero si fuera del orden de la transmisión simbólica... En todo caso, creo que es así que doy cuenta de eso por mi propia obstinación o mi propio empecinamiento - porque tengo seguramente uno - pues bien, creo que es del orden que hace un instante mencioné para ustedes y que hace lo siguiente, finalmente concluyo al respecto: a partir de ese momento, no creo que estemos unos y otros confrontados a un borde diferente, sea cual fuere nuestro país o cualquiera sea nuestra lengua, o sea cual fuere nuestra historia. En otras palabras, el hueco por el cual estamos concernidos es el mismo para todos. Es por eso que una asociación podría ser internacional, en el sentido en que este fenómeno trasciende las particularidades históricas, o culturales, o lingüísticas, o todo lo que ustedes quieran. Extrañamente es lo más difícil de concebir porque existe el siguiente fenómeno: desde que ustedes tienen por referente en el real algún ancestro sea cual sea, digo bien, ya sea un ancestro cultural o ya sea en el campo del saber, al mismo tiempo, necesariamente tienen un exterior hostil y antipático; necesariamente, es decir, en el mismo movimiento, por un lado ustedes constituyen aquellos que invocan a tal o a tal pensador y, al mismo tiempo, ustedes se constituyen en todos aquellos que en el exterior están inevitablemente en posición de enemigos. Pero si ustedes conciben que a pesar de las aparentes diferencias de lengua, de costumbres -el hecho de portar o no la barba, el hecho de llevar un turbante o de llevar un gorro, o de llevar un sombrero blando o el fieltro de Freud, o lo que ustedes quieran - cada habla es el efecto radical, estrictamente idéntico, del mismo hueco, el mismo para cada uno y que si él se las ha arreglado a su manera, es decir mal, evidentemente como todos nosotros, con todas las historias de las que se carga, con las antipatías, todos los odios - todo lo que ustedes quieran - pero desde que ustedes conciben que él es el hijo, que es el niño, que es el producto en el Otro de ese mismo hueco vacío, ustedes ven cómo a partir de ese momento, un trabajo colectivo es posible - me parece - a pesar de todos los síntomas que, por supuesto, encontraremos.

[1] Intervención en Bruselas el 24 de junio de 1989. Publicada en Clinique psychanalytique et lien social, Charles Melman, Bibliothéque du Bulletin Freudien, documento interno de la Asociación Freudiana de Bélgica y de la Asociación lacaniana internacional, 3ra. Edición, ps. 139-148.

[2] N.d.T.: Aquí Charles Melman, a partir de estos fonemas, pone de relieve la instancia de la letra y el juego de la cesura que se opera para la significación, como lo trabaja Freud en La interpretación de los sueños y en Psicopatología de la vida cotidiana,y que Lacan acentúa a lo largo de su enseñanza, Cfr. El seminario sobre « La carta robada ».

[3] N.d.t.: Cfr. Seminario de Charles Melman Las estructuras lacanianas de las psicosis (1983-1984) y otros textos de su enseñanza que hemos puesto en trabajo.

[4] N.d.t.: Corriente marina que forma un remolino.

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