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Dignidad e indignidad en América Latina

HOPEN Cécilia
Date publication : 28/05/2015

 

Conferencia-debate, en la Maison de l'Amérique latine Ciclo 2002-2003: "¿Cuáles son las relaciones entre la economía de mercado y la del inconsciente?"

El objetivo que nos fijamos para este año es, como lo saben, el de cuestionar cuáles son las relaciones entre la economía de mercado y la del inconsciente. Pretendo hoy a través de la dignidad y la indignidad en América Latina continuar nuestra reflexión. El tema es muy vasto y podré solamente proponer algunas articulaciones, relevar ciertas preguntas, antes que dar respuestas. Desde ya, hablar de América Latina puede suponer una homogeneidad que, por supuesto, no existe. Sin embargo hubo un hecho histórico común, su colonización en el siglo XVI. Tomaré como punto de partida lo que Charles Melman hace ya casi quince años llamó el discurso poscolonial. En nuestro ciclo nos hemos referido a ese discurso en varias ocasiones. Lo explicitaré más en detalle, teniendo en cuenta que para la mayoría de ustedes no es conocido. ¿Qué tipo de discurso introduce el colonialismo? Como sabemos, el hombre es un animal social. Podemos preguntarnos ¿qué elemento los une entre ellos? ¿La ventaja del interés económico? No única ni necesariamente. El hombre en sociedad posee muchos comportamientos que no están regidos en absoluto por un interés económico. El psicoanálisis puede hacer ciertas proposiciones, y de manera particular las enseñanzas de Lacan, que nos dice que son las leyes del lenguaje que determinan un cierto número de lugares, no más de cuatro, y que el funcionamiento social está regulado por la manera cómo son ocupados esos cuatro lugares. Para quienes no conocen la enseñanza de Lacan esto puede sorprenderles.
Lugar del agente Lugar del otro


Lugar de la verdad Lugar de la producción
También podríamos escribir:
Lugar del amo (S1) Lugar del objeto (S2)


Lugar de la verdad Lugar del plus-de-goce (a)
Lacan nos dice que estos lugares pueden ser ocupados por elementos diferentes que permutan entre ellos regularmente. S1: es lo que llamamos el significante amo y sabemos que sin significantes que en el lenguaje nos impongan su orden, no sabríamos lo que es un amo. El significante S2 representa el saber. Hay que señalar que el primer saber que nos interesa es el saber del inconsciente. Entre dos significantes hay siempre una pérdida, lo que se escapa al goce, es el plus-de-goce y Lacan lo llama el objeto a. Después está ese lugar sorprendente que es el lugar de la verdad. ¿Qué es la verdad para un psicoanalista? Existen algunas definiciones de la verdad pero para un psicoanalista la verdad es que en el lenguaje hay una falla, una falta a la que jamás se puede responder, existe siempre una pregunta en el lenguaje que queda sin respuesta. En este esquema, llamado discurso del amo, el lugar de la verdad está ocupado por lo que Lacan define como el sujeto tachado.
Cécilia Hopen
Discurso del amo

Existe una proposición aún mas fuerte cuando nos dice que todos esos elementos, en sus lugares son los organizadores del discurso.

¿Qué significa discurso para Lacan ?

Quiere decir que en mi relación con mi semejante, con el otro, no puedo inventar anda, estoy obligado a pasar por una estructura de lenguaje que me da un lugar, que le da un lugar a mi semejante, a mi interlocutor, y que si quiero que haya una relación, un lazo entre él y yo, no puedo hacer otra cosa que pasar por ese discurso.

Hay una especie de obligación del lenguaje que nos brinda un lugar al uno y al otro y que hace que no podemos abordarnos sino con cuatro discursos posibles, que no desarrollaré aquí.

En todo caso gracias al discurso, el agente y el otro pueden encontrarse bajo el principio de un goce común, incluso si después se van a pelear porque este goce va a fallar.

En la situación colonial existe entre el amo (el agente) y el objeto (el otro), una ruptura que funciona como si uno y otro pertenecieran no al mismo espacio, no al mismo origen, sino a un espacio y a un origen diferentes, y en una situación como ésta, observamos en efecto que el goce no será el elemento que los reunirá sino que habrá solamente la violencia del amo sobre el otro, sin preocupación alguna por la comunidad que habría podido hacer lazo.

Es una situación con consecuencias prácticas muy importantes, porque el lazo entre los dos no podrá hacerse vía ese pacto simbólico, pacto que posibilita ese goce común y que hace que el interés de uno sea solidario del interés del otro.

Habrá solamente del lado del amo una violencia real y del lado del objeto, del otro una rebeldía real.



Si la barra se verticalizó, la barra horizontal desaparece y hay confusión entre el significante amo y el sujeto, de manera que el pedido (la demanda) del sujeto —porque lo que caracteriza al sujeto antes que nada es la demanda— que está en esta hendidura, va a ejercerse con una fuerza igual a la violencia del amo. Exigirá con la fuerza del amo.

Por otro lado, el otro se encontrará asimilado al objeto a en el lugar del plus-de-goce, y va a ser tratado como un excremento.

Es decir que la situación colonial es una violencia contra el lazo social establecido por el discurso, que hace que no se pueda hablar más de un lado o del otro: no se puede sino dirigir (comandar) o sublevarse, ya que lo propio del significante amo es ignorar todo límite, toda ley.

El significante amo se autoriza de sí mismo y considera la autoridad obligatoriamente como totalitaria, es decir que exige además un goce sin límite, rechaza obedecer a toda ley, sea cual sea.

Sabemos que en el período de la colonización la Corona Española intentó establecer leyes para limitar el poder de los colonos, pero los amos no siguieron esas leyes.

Comprendemos bastante bien que aquellos que están en la posición de objetos (en el lugar del otro) no tienen ninguna confianza en las leyes —hecho de actualidad—, porque constatan que los amos no las respetan.

Y cuando aquel que está en posición de objeto o de esclavo, tiene éxito en su rebelión, y toma el lugar del amo, se comporta como el amo, es decir de manera tan totalitaria como el amo.

Este es el tipo de escenario que se repite incansablemente en América Latina desde hace cinco siglos.

Ahora bien, ¿cuándo es posible la gobernabilidad ?

Es posible únicamente cuando respetamos el funcionamiento de los discursos. En esos casos funciona solo. Funciona en el momento en que el amo respeta las leyes y que aquél que está en posición de objeto respeta también las leyes. Pero cuando los discursos no son respetados, entonces las relaciones con los otros no pueden organizarse sino sobre la violencia real.

Habría también una especie de tendencia de aquel que está en posición de agente y de aquel que está en posición de sujeto, a replegarse dentro de sus propias comunidades.

Charles Melman nos habría transmitido que estos descubrimientos los había hecho al constatar las huellas subjetivas en sus pacientes de países colonizados. Señala la persistencia de una desconfianza frente al poder, mientras que la exigencia al poder es una exigencia de satisfacción completa y total, de manera que el desmentido que implica la realidad es vivida siempre como un accidente inadmisible.

Ya entonces, Charles Melman nos había dicho cómo esta tendencia se generaliza en los países desarrollados.

Hecho que él atribuye, y que nosotros no cesamos de constatar, a una desconfianza en el lenguaje y a la degradación de las relaciones simbólicas.

Es decir que en ese discurso que se dice post-colonial, esta barra vertical indica que no hay circulación de los discursos, y que la importancia que damos a este lugar de la verdad, donde habrá siempre algo que falta al lenguaje y que permite relanzar el deseo, este lugar no funciona más, no entra más en acción con los otros.

Quisiera poner en relación esta imposibilidad de rotación de discursos con una observación, aún de actualidad, que había hecho Lacan en un corto viaje a México.

Le había impresionado estos pueblos que están aún ahí, como antes, cuyo rostro, e incluso cuya mirada son los mismos, ya sea de quienes sirven discretamente en los corredores de los hoteles o que viven en las cabañas de cal a borde del camino, esos indios que tienen el mismo rostro, la misma mirada que vemos fijados en el basalto o en el granito desde hace siglos.

Para Lacan es la figura de todo lo que ha faltado en el pasado, es la figura en cierta forma retroactiva de una adherencia a algo que nunca fue vivido. Él señala esta adherencia como la impresión realmente aplastante de lo que puede haber de pesado a levantar en nuestro mundo.

Nos había traído esta experiencia para recordarnos justamente nuestra adherencia al objeto a, sin tener consciencia de ello y al mismo tiempo teniéndola, ya que sobre la verdad que es nuestra causa, nada queremos saber.

Me permitiría decir que una de las consecuencias de esta adherencia es que estas personas no pueden salir de una situación de demanda para pasar a otra centrada sobre el deseo. Está ahí la gran diferencia con el ciclo frustración, indignación, obtención de aquello que se demanda, alivio momentáneo para recomenzar permanentemente: rebelión, violencia, represión, repliego comunitario, resignación y, por supuesto, utilización de estos mecanismos por quienes están en el poder.

Podemos decir que la indignidad fue tejida desde el descubrimiento y la conquista de Hispanoamérica, es más, podemos decir que era uno de los instrumentos de dominación de los conquistadores. Les daré un ejemplo. En una zona que abarca lo que actualmente es el Paraguay y una parte del litoral argentino, en la época de las misiones jesuitas, se hablaba el guaraní. En esta lengua, la palabra hombre implicaba ciertas condiciones de dignidad y de honor. ¿Qué hicieron los religiosos con la idea de evangelizarlos?

Les enseñaron que a partir de ese momento la palabra hombre podía ser utilizada únicamente para nombrar a los españoles. Este cambio fue operado en guaraní.

Es decir que cambiaron el discurso, los lugares, en su lengua donde el significante hombre reenviaba a la deuda simbólica, a la dignidad de lo que ser hombre significaba para ellos.

La conquista y la evangelización española pasaba por la destrucción de la tradición en la que estaban construidos y había que imponer otra.

Es decir que los amos de la época, incluso siendo pobres, acapararon las insignias de la dignidad humana, y por esta razón aquellos que estaban del otro lado de la línea vertical los respetaban.

Sabemos que el Paraguay no logra salir de una situación bastante común a diferentes países latinoamericanos: la pequeña minoría que tiene el poder sin preocuparse de la comunidad, donde la corrupción es la norma, y el resto, cabe decirlo: una mayoría mestiza y despreciada, donde la mínima rebelión es rápidamente reprimida.

Una pequeña anécdota para ilustrar su relación al guaraní, aún si desde algunos años este país es oficialmente bilingüe.

Hace solamente dos o tres años, un amigo paraguayo de rasgos indígenas, que habla el guaraní perfectamente pero que vive en Europa, intentó la experiencia de dirigirse a los empleados de los grandes almacenes de Asunción (la capital) en guaraní. La respuesta de los empleados iba de la molestia al rechazo. No era digno expresarse en público en esta lengua.

Incluso si después de algunos años la enseñanza del guaraní es obligatoria al comienzo de la escolaridad. Pero el guaraní es la lengua que se habla siempre en familia, o en la intimidad.

Como sabemos, lo peor que se puede hacer a un ser humano es arrancarle lo que le permite su verticalidad. En la vida de los grupos humanos esto introduce una perversidad fundamental, y ¿qué es lo que eso instala y qué es lo que acaso puede arreglarse?

Perversión al venir a destruir las figuras ancestrales locales y sustituir una figura única esencial investida de todos los poderes.

Lo que es notorio es que aquellos que son dignos de ocupar el escenario no se caracterizan por una moral común (característica de aquellos que participan de un mismo ancestro), se refieren únicamente al poder , pertenecen a una minoría que desde hace siglos se atribuyen todos los derechos.

Para el nuevo representante de la dignidad mundana tampoco existe diferencia de sexos. Existe esta minoría y luego no hay alteridad, están los desheredados, aquellos que están privados de toda referencia ancestral.

Solo que nuestro lazo social está ante todo regido por un pacto simbólico y no por el derecho; pacto simbólico que gobierna nuestra conducta, incluso si es invisible. Se lo percibe a través de sus efectos: el pacto simbólico que me une a mi semejante es la muestra de una confianza, de una solidaridad y del crédito que acordamos a nuestros intercambios.

La gobernabilidad es posible si podemos mantener unidos los dos grupos, los amos de un lado y aquel que trabaja para los amos. El pacto tiene que ser respectado. La historia de América Latina ha estado marcada por el colonialismo, que establece una ruptura del pacto simbólico, es decir del reconocimiento y del respeto del otro como de un semejante.

En una conferencia que Charles Melman dio en Bogotá sobre el tema "Bien público, bien privado" (http://www.freud-lacan.com/articles/article.php?url_article=cmelman210202_es&rep=lee) nos decía que nuestro bien público más preciado es la lengua, ¿por qué? Porque ella permite a los locutores reconocer su humanidad recíproca, es decir que es la lengua que organiza ese bien común esencial, ya que ella es capaz de establecer ente los locutores ese pacto esencial que me permite reconocer a aquel que comparte este idioma conmigo, como a un semejante: lo reconozco como perteneciendo a una humanidad común.

El funcionamiento de la democracia no es de ninguna manera natural, en la medida en que supone ciudadanos que puedan saber leer, no solamente en el sentido de ser alfabetizados, sino saber leer en el sentido de la interpretación de textos, de textos políticos.

Cuando por diversas situaciones políticas o históricas, los ciudadanos no saben leer los textos, es decir leer entre líneas e interpretarlos, se convierten entonces en víctimas del populismo, ya que existe siempre la tentación de resolver las tensiones sociales a través del repliege en una comunidad homogénea desde el punto de vista étnico, cultural o religioso. Si la población no está acostumbrada a esta forma de lectura, la tentación populista es muy fácil. La unidad de la comunidad ejerce tal fascinación sobre el Uno y sobre la comunidad que podríamos decir que es la causa de la servidumbre voluntaria que se produce en el populismo. Se instala cierta pereza en el pensamiento y una tendencia a hallar la causa de los problemas en otro lugar, en el extranjero.

Uno de los países de América Latina en que, como saben, el populismo ha penetrado profundamente, es la Argentina. Al parecer ese ciclo está empezando a cerrarse. Pero el otro label que tiene es el de haberse convertido en uno de las países más corruptos del mundo, al punto de haber perdido el sentido mismo de lo que quiere decir gobernar. Podríamos plantear la pregunta de porqué Chile y Brasil, dos vecinos confrontados a iguales condiciones, no llegaron a tal deterioro institucional y económico.

Me permitiría dar una razón a partir de lo que decimos en esta ocasión. En estos dos países, a pesar de las dictaduras y de las grandes desigualdades sociales, parecería que su país, su patrimonio sea en Chile o en Brasil era un bien común a proteger. Seguramente esto contribuyó a que no produjeron el vaciamiento, la venta del propio país, como se dio en Argentina. Diremos que tienen ese bien público, este goce común: su país, que frena un individualismo a ultranza.

El discurso capitalista permitió desde luego esta deriva. El discurso capitalista permite dar cuenta de un discurso en el que el sujeto se encuentra a la vez remachado a su objeto y en posición de agente, es decir en posición de creerse sujeto a nada, amo de las palabras y de las cosas. A partir de entonces vemos la íntima relación entre lo que produce el sujeto y lo que produce con él el orden social en el cual se inscribe. Y cuando el bien común no es vivido más como tal, los valores clásicos burlados, y la posibilidad de enriquecerse está al alcance de la mano, la corrupción se instala cómodamente.

Diremos algunas palabras sobre cómo cambia el orden social la banalización de la corrupción. La corrupción no es un fenómeno nuevo. En toda sociedad algo organizada, encontramos hombres o mujeres listos a vender una parcela de su poder o de su función. Las formas de este fenómeno, en cambio, evolucionaron sensiblemente. La corrupción contemporánea utiliza al máximo las posibilidades que le ofrece la circulación acelerada de capitales. La mundialización parece a menudo remplazar las dictaduras de las élites nacionales por la dictadura de la finanza internacional. Un círculo vicioso se instala: la ausencia de conciencia y de responsabilidad política favorecen el gozar de una manera perversa a través de lo que permite la privatización apresurada y sin custodia.

El caso de Argentina es ejemplar. Grandes capitales compran muy barato las riquezas de un país donde se privatizan los servicios nacionales, que en general funcionan muy mal. Esta transferencia solo es posible con el acuerdo de los gobiernos, gobernantes adobados con el traslado de millares de dólares a cuentas suizas, y por supuesto, no hay que olvidarlo, con el consentimiento de la población que goza también de este dinero fácil, sin preguntarse mucho de dónde viene.

Pero veamos un poco cómo va a organizarse el discurso:

En la banalización de la corrupción podríamos decir, que el agente corrompido es soportado por la verdad del corruptor o para decirlo de otra manera: "si yo no acepto, el otro va a aceptar". Desde el momento en que el corrompido a su vez corrompe, se produce una situación social en el que aquellos que no participan quedan afuera como puro desecho. Lo que tiene consecuencias. Aquellos que de esta manera son marginados se vuelven una amenaza para los corruptores que con pánico acusan a los corrompidos. Pero hay algo más que eso: una situación corrupta promueve cambios subjetivos: está aquel que se adapta a las ofertas de una ley rota, pero también aquel que se sitúa en el lugar arriesgado de testigo.

La "situación corrupta" obtiene su consistencia al proponer reglas capaces de ser modificadas por decisiones singulares de los miembros de este conjunto. Es decir que se superponen al contexto de la legalidad como si se tratara de la msima cosa, pero en realidad ellas están en la sombra de la Ley. Están así confundidas regla y ley. Ellas van a proponer su propia lógica. Y en ésta hay lugar para la irrupción de una subjetividad singular que depende de la interpretación particular de las reglas. Pero no toda decisión singular en una situación corrupta es del mismo orden. Aquel que habita una situación corrupta puede crear un espacio nuevo inventando bajo su responsabilidad, un nuevo personaje: el testigo.

Él piensa y actúa del interior, lo que le obliga a ser un otro, inaugurando una especie de adentro-afuera: pertenece a la escena y puede simultáneamente hablar en ella y de ella. Se convierte en un nuevo personaje y aquello implica un precio a pagar. De cierta manera es la respuesta a la imposición de un contexto corrupto. ¿Qué hacer ? Si en lo social la oferta de otros valores está a media asta, vemos cómo la institución del testigo es una figura fundamental que brinda un nuevo sentido a una situación que se auto-alimenta. Esta es diferente del simple espectador. Una gran parte de la población sabe o posee un cierto saber de la producción de actos corruptos realizados por personas o por instituciones. Estos actos difundidos a través de los medios de comunicación por los de comentaristas nos sitúan como espectadores, es decir con una cierta distancia respecto de esos actos que adquieren la cualidad de extraños, sin que sea fácil darse cuenta de la manera como estos se imponen a nosotros.

Los medios de comunicación masiva proponen una especie de "prêt-à-porter" que funciona como un gran Otro. El espectador al mirar desde afuera cree no participar, en el sentido de no tomar parte. Mientras que el testigo es un personaje que da una nueva vida a aquello que mira. Y vivir en un tal contexto no es trivial. En la medida en que la impunidad triunfa, no es el mismo goce que está en juego. No es el goce de la transgresión sino el paso a un goce sin límites, en la cual todos los golpes están permitidos. Y lógicamente, "cuando aceptamos lo inaceptable tendemos a reproducirlo", y la indignidad se instala tranquilamente.

Pero podríamos decir que aunque la corrupción pase a ser una banalidad, no es jamás considerada como una normalidad. Incluso si a gran escala hay fraude, y que los ciudadanos la reproducen, de alguna manera saben que para hacer un lazo social viable habrá que aceptar un principio de autoridad. Pero la palabra pervertida ha llevado a una falsificación ilimitada del lenguaje. Y las sociedades, así como los individuos, pueden resolver únicamente los problemas que son capaces de plantearse.

Sin embargo, detrás de este oscuro panorama, constatamos que las sociedades locales guardan una cierta vitalidad, y despliegan, a pesar o a causa de las difíciles circunstancias en que se encuentran, una energía considerable. Hoy en día emergen o se afirman una gran variedad de dinámicas inéditas, a menudo ignoradas o minimizadas, pero sin embargo susceptibles de tener una incidencia decisiva en la organización, la vida social y el perfil cultural futuros de las poblaciones de la región.

No hay problemática que esté al abrigo de este impulso transformador. Recomposiciones sociales, culturales, políticas, religiosas , territoriales o de identidades, del norte al sur diversas dinámicas emergen o se afirman, haciendo de América Latina un territorio de singular experimentación social y ofreciendo así una ocasión única de reflexionar sobre el futuro de las colectividades a la aurora de un nuevo siglo. Quisiéramos que todos estos fenómenos concomitantes no sean simples sobresaltos, mas o menos patéticos, de una suerte de "energía de la desesperación" o e signos de que "a pesar de la crisis, la vida continua", o el único resultado de un cierto "capital social".

Podemos suponer que en Argentina por ejemplo, la situación social, actualmente insoportable, ha desgarrado el letargo neoliberal cuestionando su unidad imaginaria e imponiendo la posibilidad de otra lógica a partir de la inclusión de aquellos que estaban excluidos. A nivel local, o a nivel de barrio —el hospital, la escuela, los vecinos— intentan fundar nuevamente un texto propio, un proyecto de autonomía, un poderoso deseo de ser amo de sus propias circunstancias, no en el sentido de la dominación, sino de reapropiarse por ejemplo de su cuerpo, de su espacio, reapropiación de las fábricas o de las empresas en bancarrota por los mismos desempleados. El éxito de estas acciones locales les ha permitido salir del estado de desechos y de reapropiarse de sus fuerzas. Pero el pacto simbólico está roto en varios niveles y la falta de confianza en los hombres políticos y en las instituciones en general va a tomar, en el mejor de los casos, bastante tiempo a establecerse.

Felizmente, porque es alentador, existe un país en el que justamente la dignidad adquiere letras de nobleza, y no solamente a nivel local, sino a nivel de gobierno. Ustedes ya se dieron cuenta, hablo del Brasil. Asistimos a algo que justamente ha tardado bastante tiempo a instalarse. Por lo menos cuarenta años de un camino que ha conocido diferentes avatares y que les ha permitido constituir un gobierno que parece mantener sus propuestas. No solamente en las palabras —si bien Lula habla de opción ética—, sino en los actos.

Este equipo nos lleva a pensar que están haciendo funcionar ese pacto simbólico del que hablábamos hace poco. Les daré algunos ejemplos de su talento para restablecer este pacto. Ustedes saben cual es el objetivo del actual presidente de Brasil: que en 4 años, al final de su mandato, todos los brasileños, 170 millones, puedan comer tres veces al día. Esto podría ser una declaración demagógica. Pues no. Sin prisa ni pausa pusieron manos a la obra.

El personaje clave del plan es un economista de 53 años, con un postgrado en Londres y la obsesión permanente de borrar la frontera entre las políticas sociales y la economía. Lo cito: "Las críticas se preocupan únicamente de cuestionarnos sobre el costo de nuestro proyecto contra el hambre y la fuente de los recursos, pero no se preguntan cuánto cuesta el no combatir el hambre: la falta de estrategias de creación de empleo, salud y educación tiene un costo elevado para el país, que hace que la violencia aumente. Y también el costo, debido a la falta de consumo y de producción de bienes" Según el economista a cargo del proyecto: Hambre Cero, luchar contra el hambre no es un gasto sino una inversión.

Un hecho reciente dentro de esta misma línea. Seguramente algunos de ustedes están al tanto de la posición firme de Lula en el congreso, en el que su partido no tiene la mayoría, para reformar la ley de jubilación. En el Brasil, la diferencia es entre 80 dólares y 17000. Pues bien, el gobierno, con el apoyo de sus 27 gobernadores propone una diferencia de uno a cinco, y por el resto van a tener que pagar impuestos. ¿Quiénes se opusieron ? No quienes suponíamos, sino los más radicales de su partido.

Es con mano firme y un gran esfuerzo pedagógico que pudo alinear a aquellos que de su partido en la asamblea, deseaban impedir estas medidas de interés general. Pero les decía hace un rato que es un trabajo que comenzó hace años y del cual una mayoría de brasilenños es consciente de que no es Lula quien está en el gobierno sino los 52 millones que votaron por él . Se sienten co-responsables. Al afirmar esto pienso, por ejemplo, en lo que han aprendido a nivel del gobierno local, a través de la democracia participativa. ¿Qué es la democracia participativa? En la democracia participativa las instituciones conservan su centralización, pero sus actos deben someterse al consenso bajo deliberación previa de los interesados directamente, en vez de exclusivas disciplinas partidarias o, peor aún, al tráfico de influencias. Puerto Alegre ha vivido esta experiencia durante 12 años.

Estando allá me enteré que si una comunidad llegaba a la conclusión que les faltaba una escuela más que un hospital, esto era tenido en cuenta y los ciudadanos estaban asociados a todas las etapas : estudio de proyectos, adjudicación, pasando por la construcción y gestión de los haberes públicos, y hasta del funcionamiento mismo de la escuela.

Esto ha debido enseñarles bastante sobre la insatisfacción propia a toda organización social, a lo que hace falta renunciar en lo concerniente a lo individual y a los niveles necesarios de solidaridad para hacer avanzar los proyectos. Si se puede decir de Lula y de son equipo que encarnan una posibilidad de dignidad en América latina, es porque lo demuestran todos los días y a diferentes niveles.

Todos sabemos el descrédito que tienen las Fuerzas armadas en América latina, institución en la que estuvo preso el mismo Lula. Pues bien, uno de los primeros actos de su gobierno ha sido de establecer otra relación con el ejército. Fue a pedirles, y no a imponerles, que lo ayuden en la distribución de alimentos. Otros gobiernos ya habían estado confrontados a la corrupción que esto provocaba y Lula apostó a la posibilidad de que esta institución entre en el pacto que el quería instaurar. Igualmente deposita su confianza en el savoir-faire de los ingenieros militares, haciéndolos participar en la reparación de rutas, y al mismo tiempo ofrece a los conscriptos la posibilidad de aprender un oficio y de tener un primer empleo.

No sé si ustedes serán de mi parecer, pero yo veo signos evidentes de poder permitir que la dignidad de unos y otros tejan las relaciones sociales. Y esto se extiende a las relaciones con el Primer Mundo. Fue a decirles , el mes de enero que "Davos tiene necesidad de Puerto Alegre", sin dejar de pagar al mismo tiempo, los créditos acordados a su país. No hay reivindicación ni acusación, sino las ideas muy claras y la determinación de trabajar por ellas.

Simultáneamente Lula recuerda a sus colegas latinos que las grandes potencias no escuchan a aquellos que tienen miedo de exigir en el momento de las negociaciones. Y como ustedes saben, por el momento los mercados están tranquilos y su moneda se valoriza cada día.

Constatar el fracaso relativo de toda organización social como un hecho de estructura, podría ser una toma de conciencia a partir de la cual podríamos escuchar que los intereses de los amos y de los que trabajan para ellos no son contradictorios, que en realidad est1an asociados, aunque la distribución sea desigual.

Una sociedad que puede tomar en cuenta esta asociación, la solidaridad que resulta transforma fundamentalmente una sociedad en gobernable, es decir que los intereses generales de la sociedad pueden ser tomados en cuenta y pueden ser realizados.

Como hoy hemos elegido hablar de la dignidad , quisiera comentar con ustedes un último hecho.

Sabiendo la indignidad y la falta de pactos simbólicos y reales que existen en las favelas brasileras, el gobierno acaba de concederles el título de propietarios a sus habitantes, caso por caso. El hecho de que puedan ser propietarios de su terreno, comporta derechos y obligaciones que pueden cambiar su posición frente al gran Otro social. Ellos tenían el lugar del desecho, de lo despreciado. A partir de ahora, el lugar de vida deviene un bien común a preservar y no un lugar del que podían ser evacuados a todo momento y donde las leyes variaban, aún entre ellos mismos, de manera arbitraria.

Podríamos preguntarnos, para terminar, ¿por qué este cambio de calidad en la gobernabilidad se produce en Brasil y no en otros lugares? Si tenemos presentes las estructuras que hoy he recordado, tenemos derecho a preguntarnos si el hecho de que la colonización portuguesa fue diferente de la española, no es un hecho a considerar.

¿Cual fue la diferencia?

Los portugueses no se precipitaron como los españoles de la conquista. Llegaron más tarde y penetraron más lentamente. Por razones que ignoro, los colonizadores se casaron inmediatamente con las indígenas. Esto provocó muchos problemas con la iglesia, pero estableció con la población que no era solamente de violencia y explotación, lo que hace que el problema se haya presentado para ellos de otra manera. Nosotros sabemos que la población brasilera es esencialmente mestiza. Lo que Melman nos dice de esa barra vertical que marca una mayoría de mestizos en la América hispana, no se produce para ellos de la misma manera. Justamente esos mestizos producto de españoles y de indígenas viven su mestizaje con vergüenza, vergüenza de sus antepasados, ellos muestran en su propia carne esa unión imposible del amo y de las que trabajan para él.

La relación a la lengua, que rápidamente se mezcla a aquellas que existían a la llegada de los conquistadores portugueses es desgraciadamente muy diferente de lo que pasó en el resto del sub-continente americano.

La diferencia aparece también en el momento de la independencia . Brasil llega a conquistar su independencia sin un solo tiro de fusil con la madre patria. En la América indohispánica, la separación pasa por largas guerras muy sangrientas.

Que todo esto nos deje un poco pesimistas, no quiere decir que estemos resignados.

Porque que si el psicoanálisis no puede cambiar el lazo social, puede, por lo menos, decir que hay otra relación posible a lo real.

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