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Debate de teólogos españoles del siglo XVI

Auteur : Virginia Hasenbalg 19/11/1990

Bibliographies Notes

La imposición del monoteísmo y de la escritura ¿son una modalidad de la colonización?

¿Cuáles son las formas subjetivas proprias al politeísmo?

¿De qué manera el monoteísmo de los teólogos españoles del siglo XVI forzó esta organisación subjetiva por medio de la imposición de un padre simbólico todopoderoso que estructuraba la suya?

Flavius Joseph da cuatro razones que incitan a escribir la historia. La primera viene del sentimiento de tener palabras bellas, la suavidad y la belleza del decir, la segunda es la de servir y gustar a los príncipes; la tercera testimonia de los hechos que no declararon la verdad con integridad y la última dice que esos acontecimientos que caerían en la bruma del olvido, encontrarían una utilidad común si fueran manifestados.Son las dos últimas razones, además de la omisión de las guerras judías en los recitados griegos, las que llevaron a Flavius Joseph a escribir. Nosotros sabemos hasta que punto, esas cuatro razones son actuales hoy en día. Es en ese sentido que el discurso del historiador debe considerarse como la anamnesis de un paciente, discurso sometido necesariamente tanto a las leyes de lo reprimido como al efecto liberador que el levantamiento de lo reprimido comporta. Pero, ¿cuáles son las condiciones que permiten el retorno de lo reprimido en lo social?

Varios siglos más tarde, hacia el final del XVI, mientras que España estaba en plena inquisición Las Casas comienza su Historia de las Indias con esta citación que trae a la superficie este capítulo reprimido de la historia del pueblo judío. Nosotros sabemos hoy que Las Casas era descendiente de conversos. No escapa a la ley que dice que se habla siempre de sí mismo cuando se habla de la historia...

En 1953 Lacan decía que "el inconciente es ese capítulo de mi historia marcado por un blanco u ocupado por una mentira. Es el capítulo censurado. Pero la verdad puede reencontrarse; a menudo ya esta escrita en otros lados como:

- en los monumentos: y este es mi cuerpo, o sea el núcleo histérico de la neurosis donde el síntoma histérico muestra la estructura de una lengua y se decifra como una inscripción que, una vez recogida, puede, sin pérdida grave, ser destruida.

- en los documentos de archivos también: y son los recuerdos de mi infancia, inpenetrables cuando no reconozco la procedencia.

-en la evolución semántica: y esta responde al stock y a las acepciones del vocabulario que me es particular, como al estilo de vida y a mi carácter.

- en las tradiciones también, en las leyendas que bajo una forma heroificada vehiculan mi historia.

- y finalmente en los rastros que conservan inevitablementelas distorsiones, necesarias para el enganche del capítulo adulterado en los capítulos que lo encuadran,y en la que mi exégesis restablecera el sentido".

Debemos decir que la leyenda negra, el relato de los abusos cometidos a los pueblos de América, son resistentes, porque hacen pantalla a todos los abusos que han tenido lugar después, en otros lados, como de nuestros dias bajo formas no más refinadas ni menos alejadas del respeto que exige la relación a aquellos constituídos por un orden simbólico diferente.

Al principio, me preguntaba con cierta candidez si se tiene derecho de colonizar en nombre del monoteísmo y de la alfabetización. ¿El monoteísmo y la escritura, significan progreso? ¿En nombre de qué valor? ¡Cómo reprochar al colonizador un aporte de tal importancia para acceder a la civilización... europea! Lo poco que sabemos de los imperios Inca y Mexicano testimonia al menos de una administración capaz de eficacia simbólica; por dar un ejemplo (que adquiere un relieve particular en nuestros días donde hambre y exclusión inisiten como síntoma social), el régimen de previsión en caso de hambre para asegurar la supervivencia de sus miembros...

La "modernidad" comienza en una especie de enceguecimiento. La religiosidad cristiana no podía concebir al otro como válido, había que traerlo a los valores cristianos. Y sin embargo, nosotros sabemos que algunos siglos antes de la conquista, en España las tres religiones monoteístas (musulmana, judía y cristiana) coexistieron: "la mezcla de costumbres, razas y religiones ha dado la flexible complexidad de España", cuando estaba gobernada por los musulmanes. La Unificación de España por los reyes católicos impuso la uniformización religiosa; la pasión de la unidad toma el relevo. A la toma de Granada sigue la expulsión de judios, que acababan de financiarla. Hubo felizmente errores, rebeliones, reformas... que ilustran el límite de la doctrina religiosa como ley universal.

Todo lo que venía a representar una alteridad, amenazaba.Y la amenaza existía. La ley del rey había impuesto la conversión al catolicismo pero la reconversión voluntaria, en el sentido contrario, se volvía inquietante.Toda idea nueva era peligrosa –no solamente los nucleos luteranos, sino también los místicos, Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, los erásmicos, etc... eran examinados y juzgados por la Inquisición de la misma manera que la bigamia y la usura. La creencia era que sólo la religión católica podía aportar el orden que convenía. La Contenporaneidad de otras culturas, particularmente la de oriente, era ridiculizada. Es interesante cómo Gómara, el cronista de Cortés, al principio del proceso, compara los emperadores Carlos y Solimán "esos dos hombres se reparten la monarquía; cada uno trabaja para llegar a ser el monarca y el señor del mundo; pero vemos que por causa de nuestros pecados Solimán llega mejor que Carlos a satisfacer sus deseos y avanzar sus intrigas. Los dos tienen casi la misma edad. Los turcos realizan mejor los projectos que los españoles; se someten mejor al orden y a la disciplina de la guerra, son más listos, emplean mejor su dinero". Podemos decir que hacían buen uso de su saber inconsciente que les permitía una articulación eficaz del deseo y la ley...

Esta resistencia a la alteridad rebelaba un imposible, un real porque hasta Las Casas quien tanto luchó por informar Europa, tanto a nivel de los que tenían el poder que de lado del pueblo, él que hizo todo para denunciar y modificar lo que podía suceder del otro lado del mar –de lo que los hombres eran capaces, el goce sádico allí donde la ley falla– Las Casas mismo no duda en designar al musulmán como el excluído de la historia. El musulmán encarnaba lo que se tenía que excluir porque resistía a la conversión, mientras que el indio permitía una redefinición del cristianismo, la esperanza en un nuevo comienzo. Ese real esta ilustrado por la Inquisicion. Según Konetz, se trataba de la "institución del estado para asegurar la unidad de la fe. El Santo Oficio era francamente popular. El fanatismo religioso reinaba sobre los españoles de la contra-reforma y ni la tolerancia ni la libertad de conciencia no eran consideradas todavía como valores éticos a venerar".

Para Las Casas y para Victoria no había una razón de guerra que sea justa y la doctrina no autorizaba a conquistar para convertir. Pero todos los teólogos no compartían la misma posición. Al contrario, los beneficios económicos de la conquista se oponían a los principios doctrinales. "Los españoles que en aquella época llegaban al Nuevo Mundo, tomaban a los indios como fuerza de trabajo que explotaban, para enriquecerse lo más rápido posible y la idea de convertirlos a la fe cristiana y de salvar sus almas de la condena eterna no se les ocurría ".

Por otro lado, una cierta distancia va a instalarse entre los principios doctrinales, las leyes que rigen el viejo mundo, y su aplicación del otro lado del océano. La doctrina, a pesar de sus contradictores, prohibe los abusos en distintas ocasiones, y la práctica brutal de la colonización hecha en su nombre y que se despreocupa completamente de la supervivencia de los hombres. Hay que decir también que los beneficios económicos, tan inesperados como desmesurados, se volvieron un factor que hubo que tener en cuenta. Y, aunque en esa época no se planteaba el derecho a la alteridad simbólica del indio, hubo, sin embargo controversias como la de Valladolid (1550) que testimonian del tipo de problemática existente.

Fue Fray Bartolomé de Las Casas el primero en denunciar los horrores practicados en la nueva España. Habiendo trabajado en las encomiendas y dandose cuenta de los horrores practicados contra el pueblo indio, renunciará a esa funcion y pasará el resto de su vida, que curiosamente fue muy larga (92 años), a combatir con la pluma y la palabra, los abusos cometidos contra los indios de América. Escribirá a todo tipo de autoridad de la época: al rey, al emperador, a los papas que se sucedieron, al Consejo de Indias, etc... Publicará también textos dirijidos al pueblo español, escritos con palabras simples que no quedarán sin efecto. Se tomaron efectivamente decisiones, como por ejemplo: la asamblea de Barcelona en 1529 decide suprimir las encomiendas. Pero esta decisión, como muchas otras, que protegían a los indios, no serán puestas en práctica. En cuanto a las encomiendas, hubo que esperar dos siglos, pues sólo fueron abolidas en 1720.

En 1532 fueron publicadas las lecciones de Victoria, otro teólogo que, como Las Casas, combatió los abusos cometidos contra los indios, desde un plano jurídico. Francisco de Victoria es el fundador del derecho internacional. He aquí algunas líneas de su De Indiis: "Creer es un acto de voluntad; pero el temor disminuye mucho la voluntad y aceptar los misterios de la fe, recibir los sacramentos de Cristo bajo la influencia de un temor servil, es un sacrilegio".

Los defensores de la conquista argumentaban por encima de todo, que los habitantes no tenían derecho de poseer y no tenían derecho de poseer porque eran esclavos naturales, o seres privados de razón, infieles o seres pecaminosos y que, como la tierra, pertenecen al que la descubre. Es en esa óptica que se discutía el estatuto de los indios. El estatuto inhumano de los indios es sólo una coartada para excluirlos del derecho de propriedad de las tierras que habitaban desde siglos, coartada para argumentar la justificación de la conquista. Las ordenanzas de 1543 que definían medidas concretas de protección de los indios serán muy mal aceptadas por los colonos del lugar y terminarán con el asesinato del Virrey.

Se ve entonces que a nivel oficial los malos tratamientos hacia los indios no fueron aceptados y que decisiones fueron tomadas, pero todo eso quedará en el olvido, la distancia del océano es tan grande como la distancia cultural entre los conquistadores, fieles a una interpretación popular del catolicismo y ciertos teólogos inquietos por la interpretación rigurosa de la doctrina.

Debe recordarse que la mayoría de la gente que iba a las Indias eran campesinos y vagabundos. El ejército de Castilla recrutaba la mayoría de sus efectivos en Extremadura, región de clima rudo y de tierra ingrata. Se trataba de hombres tan implacables y duros como su tierra natal. Habían adquirido la experiencia y la costumbre de combates durante la lucha contra los moros. Ganada esa guerra, buscaban nuevos campos de acción como mercenarios. Seguramente fascinados por los relatos provenientes del más allá del océano, de clima clemente y tierras ricas que pertenecerían a aquellos que la conquistaran... Los Hidalgos no tuvieron ninguna dificultad en recrutar miles de soldados entre esos hombres que no tenían nada que perder... La conquista era para ellos una promesa de prosperidad. Esta población que partía a la conquista, no dudaba en matar un Virrey, si las órdenes venidas de la metrópolis venía a importunarlos.

La controversia de Valladolid

En 1550 tiene lugar la controversia de Valladolid –asamblea convocada por el rey. Opuso a Las Casas contra Juan Ginés de Sepúlveda, historiógrafo del emperador y traductor de Aristóteles en la corte del Papa en Roma. Sepúlveda estaba convencido de que no era pecado para el rey, se trataba en efecto de demostrar si el rey era culpable o no del hecho de conquistar para convertir, y si para ello todos los medios eran válidos. Las Casas se esforzó de demostrar que esta posición era insostenible desde un punto de vista doctrinal ya que había que "preparar los espíritus a oír la verdad".

Un gran número de personas poderosas tomó parte por Sepúlveda. El Rey encargó al Consejo de las Indias examinar la cuestión después de haber escuchado las dos versiones delante de una asamblea de teólogos y juristas que él mismo nombró. Finalmente, la asamblea decidió adoptar la posición de Las Casas, pero las medidas tomadas, una vez más, sólo fueron aplicadas muy tarde y parcialmente.

Sepúlveda sostuvo la idea de que era permitido declarar la guerra inmediatamente a los indios para someterlos y predicarles luego el evangelio. Las Casas aseguró que la guerra es un recurso injusto y opuesto al espíritu de la religión católica.

Para Sepúlveda la guerra es justa, los Indios la han merecido por la enormidad de sus crímenes, particularmente el de la idolatría y el sacrificio humano. Dirá además que los indios constituyen una nación grosera, de naturaleza servicial y que por ende es el esclavo obligado de otras naciones más distinguidas, como la Nación Española, que ese es el único medio para asegurar el establecimiento de la religión católica en las Indias, y que hay que poner término al mal que los indios hacen a la humanidad ya que ellos matan otros hombres para inmolarlos a sus ídolos y hasta para comerlos.

Las Casas replicará que los indios están regidos por leyes que sólo castigan las acciones que ellos mismos juzgan criminales. Su arte, sus hábitos y sus costumbres no se parecen en nada a lo que caracteriza a los españoles. Hay constantemente en Las Casas una búsqueda de la dimensión de un pacto posible, a hallar o a inventar. Del lado de la oposición en cambio, la única búsqueda es la de hacer prevalecer la fuerza. Para Las Casas, la religión no autoriza a demostrar sus verdades sin un compromiso de la parte de los misioneros Es necesario que aquellos que escuchan sus ministros puedan verlos como hombres de buena fe, incapaces de engaño, y hace alusión a la conducta virtuosa, pacífica, desinteresada y enteramente franca de los predicadores. La humanidad que inspiraba Las Casas se hallaba lejos de la insensibilidad de los conquistadores hacia el prójimo. Y sin embargo, Las Casas en ningún momento desaprobará la implantación de los españoles ni el deber de evangelizar.

Otra razón invocada por Sepúlveda, fue que los indios ultrajaban la humanidad desgollando seres inocentes. Este pecado permite a todos los soberanos de declararles la guerra. Las Casas niega esta consecuencia porque no se ha probado ni por el evangelio ni por el Espíritu Santo que Dios haya impuesto a un soberano la obligación de destruir los abusos que reinan en un país que no está sometido a sus leyes. Vemos aquí un esbozo de reconocimiento, de la validación del Dios del otro. Más aún, él nos recordará que inmolar las víctimas humanas era ofrecer lo que ellos consideran como lo mejor y lo más elevado, el hombre mismo. Las Casas cita aquellos que atestiguan que esta práctica fue común a un gran número de pueblos antiguos: "Queriendo probar su fidelidad Dios le ordena a Abrahan de sacrificarle su hijo y parará el brazo que va a pegarle sólo cuando Abrahan habrá cometido su pecado, si es cierto que se debe ser uno, en todas las ocasiones, el de consentir la inmolación de víctimas humanas".

Algunas observaciones.

Después de haber expuesto esos elementos históricos, podemos cuestionarnos sobre qué interrogantes nos suscitan.

En su seminario de 1974-75, Lacan dice que la religión realiza lo simbólico del imaginario, mientras que el análisis trata de imaginar lo real del simbólico. La eficacia de la religión católica residiría en un discurso sobre el amor que permitiría una salida a ciertos impases de la subjetividad y de la problemática de la relación al otro. El catolicismo instauraría así una deuda de amor hacia el otro. Cristo expía la culpabilidad del homicidio del padre con su propia muerte. Es en esto que la culpabilidad cristiana encuentra su lógica. El evangelio es un mensaje de amor con fuerza centrífuga, con una dinámica propia que tiende a la expansión, a lo universal. "Dios nos ama, él ama a cada uno de nosotros tal cual es", así es el mensaje cristiano. El alivio que aporta la religión es debido a lo mejor al hecho que ella aporta una represión "prêt-à-porter". Pero esto tiene un precio. La eficacidad de la religión tendría como precio la denegación de lo sexual y del odio. Si esto es cierto, no es solamente sorprendente sino más bien lógico que haya sido Freud, alguien que pertenecía a la comunidad judía, quien traiga a la superficie, el descubrimiento del amor como operador lógico que funciona en la transferencia del paciente hacia el analista. El trabajo de análisis será el de transformar esa transferencia que nosotros llamamos imaginaria, en transferencia simbólica donde el sujeto será confrontado con un agujero, con un vacío propio a la estructura humana. El monoteísmo pone el Uno, lo nombra. A partir de allí, el agujero no esta vacío, sino lleno de Dios. El psicoanálisis sólo puede inscribirse después de esta operación, haciendo de ese Uno, un Real, como único punto fijo válido para el sujeto.

"El inconsciente es ese capítulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste: es el capítulo censurado. Pero la verdad puede volverse a encontrar; lo más a menudo ya está escrita en otra parte. A saber:

– en los monumentos: y esto es mi cuerpo, es decir el núcleo histérico de la neurosis donde el síntoma histérico muestra la estructura de un lenguaje y se descifra como una inscripción que, una vez recogida, puede sin pérdida grave ser destruida;

– en los documentos de archivos también: y son los recuerdos de mi infancia, impenetrables tanto como ellos, cuando no conozco su proveniencia;

– en la evolución semántica: y esto responde al stock y a las acepciones del vocabulario que me es particular, como al estilo de mi vida y a mi carácter;

– en la tradición también, y aun en las leyendas que bajo una forma heroificada vehiculan mi historia;

– en los rastros, finalmente, que conservan inevitablemente las distorsiones, necesitadas para la conexión del capítulo adulterado con los capítulos que lo enmarcan, y cuyo sentido restablecerá mi exégesis".

(in Escritos, traducción de Tomás Segovia)

Traducción: María Delange

Notes

Revisión: Virginia Hasenbalg

Bibliographie