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La forclusión

Auteur : Graciela Berraute 26/06/2000

Bibliographies Notes

Cuando J. Lacan sostiene una interlocución con Jean Hyppolite acerca de la Verneinung freudiana, ubica la forclusión en el polo de la Ausstossung: " La Verwerfung se sitúa, dentro de la dialéctica de la Negación, en el tiempo de la expulsión, de la Ausstossung... es el tiempo en que algo será dejado ser, en tanto simbólico, o no será jamás dejado ser y restará como real". En tanto es el tiempo en que se separa y anuda simbólico y real. Es, creo entender, lo forclusivo estructural que se reconoce como forclusión del sentido.

Cuando desarrolla el seminario sobre las psicosis, va a situar la Verwerfung en el polo de la Bejahung: "Voy a ubicar la forclusión psicótica como aquello que ocurre cuando fracasa la Bejahung, o sea la afirmación simbólica." Es la forclusión del significante del Nombre del Padre. Que impide el funcionamiento de la metáfora: en el origen hay afirmación de lo que es, o hay forclusión.

Freud, respecto al hombre de los lobos, dice que rechazó la castración: "...no quiso saber nada de ella en el sentido de la represión. Tal actitud no suponía juicio alguno sobre su existencia, pero equivalía a hacerla inexistente."

Tenemos pues situados, en las dos facetas del juicio de atribución, dos modos fundamentales de explicar la forclusión: el que la reconoce como operación necesaria para la constitución del sujeto, y el que la ubica como la operación definitoria de la estructura psicótica. Ambos modos presentes en un mítico origen del encuentro simbólico -real donde se engendra el sujeto. Un pasado, sin embargo que existe en lo actual de un decir, en la construcción de una frase, en el sentido de los enunciados, en la articulación de la enunciación.

La primer versión remite a la condición forclusiva de la faz expulsiva del juicio de atribución; la segunda, a un accidente en la faz correspondiente a la afirmación. Accidente propio de la estructura psicótica. Podríamos considerar, entonces, un sentido estructural de la forclusión, y otro que remite directamente al mecanismo propio de la psicosis en tanto se define estrictamente por el fracaso de la metáfora paterna.

Decidí comenzar refiriéndome a la función del Nombre del Padre, por considerar que es la referencia necesaria de la operación forclusiva, sea ubicada en el polo de la Ausstossung o en el polo de la Bejahung. Es decir, como operación necesaria, o, como accidente fatal.

A) El significante del Nombre del Padre

¿Qué es el Nombre del Padre? En términos de la Bejahung, la inscripción significante, se puede decir que no nombra nada, se nombra. Es una invocación. Es la ley misma del significante: no significarse a sí mismo. Porque "ser padre" es una función que no es pensable sin la categoría del significante.

Pura metáfora, marca el lugar vacío de la cosa, el paso de la traza a significante. Es el significante del Otro en tanto lugar de la ley del significante.

Como efecto de significación, como falo simbólico, es un significante determinado que polariza todas las significaciones.

Es el sin sentido que detiene la diseminación imaginaria del falo; interrumpe su equivalencia con la demanda del deseo materno, la coalescencia con lalangue. Instaura lo disímil irrumpiendo en el goce de la comprensión mutua.

Por su función simbólica da lugar al pasaje del ser al tener.

Punto de almohadillado que anuda significante y significado; carretera principal establecida por el lugar del padre en el núcleo del Edipo. Que alcanzó ese estado de significante primordial por el juego de los intercambios culturales.

B) La forclusión del Nombre del Padre

De las Memorias de Daniel Paul Schreber: el enfermo relata el infierno de las Voces que le hablan, desde el exterior y sin interrupción, y le imponen asimismo la compulsión a pensar. "Me fue restringido el no pensar en nada...los rayos querían siempre saber ¿en qué piensa usted ahora?. Me fue necesario refugiarme en un sistema de adulteración de los pensamientos... Me veía obligado a completar frases ... también a soportar una aterradora repetición monótona de frases iguales...Se habían agregado miles de nombres de almas difuntas con motivos nacionales y religiosos: el padre jesuita S. de Dresde; el administrador arzobispal de Praga; los cardenales Rampolla, Galimberti y Casati; el propio Papa. En una oportunidad doscientos cuarenta monjes benedictinos se alojaron dentro de mi cabeza para encontrar allí su aniquilación. También algunos parientes... Todas estas almas hablaban en mí como Voces, sin saber cada una la presencia de las otras, en una verdadera Babel."

Podemos reconocer, en estas descripciones, que se despliega a la vez el abordaje, y la imposibilidad del abordaje al significante, revelándose de este modo cuál es el núcleo de la psicosis.

El Nombre del Padre no llegó al lugar del Otro, el sujeto no pudo llamarlo.

Falta ese vacío que es la condición del significante como tal.

El psicótico está en el lenguaje pero no puede servirse de él. El inconsciente está presente pero la cosa no funciona, porque la forclusión arrojó "a las tinieblas exteriores" la clave de los significantes fundamentales del inconsciente.

El significante del Nombre del Padre, la vertiente simbólica del padre, retornará como llamado desde lo real desencadenando la crisis psicótica. El puede estar presente, no faltar; pero no es el padre que promueve la ley; no introduce la cuenta de las generaciones; no será asesinado en el fantasma.

Todo parece depender para desencadenar este destino, del lugar que la madre da a la palabra del padre, del lugar que le reserva a la función simbólica. Y de la relación del padre a la ley: si se identifica a ella como ley moral, o si soporta su efectuación en términos de la ley del significante, como efectiva castración.

C) La forclusión del sentido

Correspondería a la Ausstossung, la faz expulsiva del juicio de atribución.

Se rechaza primordialmente la materialidad significante, el conjunto de sonidos y significaciones, objeto "malo" equivalente al goce del Otro.

Es un vaciamiento en la plenitud de significado del goce materno, la plenitud de sentido que viene del otro. Lo cual hace posible que el sujeto se extraiga de la alienación absoluta en los significantes del cuerpo léxico materno, que pueda allí jugar su mano en la separación.

Esta separación concierne a la expulsión de la Cosa del lugar del Otro: para constituirse el significante se separa de su propia materialidad significante ( das-Ding), que concierne al Otro del goce, la madre. Es decir, conjunto de sonido y de significado fálico, que aseguraría la plenitud de un sentido del sentido.

Esta es la expulsión que Lacan, en su diálogo con Hyppolite, identifica con la forclusión misma, y que se reconocerá como forclusión del sentido.

Forclusión primera, anterior a la del Nombre del Padre, cuya ausencia arroja más allá de la psicosis: presuntamente, al abismo de silencio del autismo.

Porque esta forclusión es una pérdida fundamental que permite la identificación primaria con el padre, lugar del ideal, borramiento de la huella que inscribe el rasgo unario, anclaje del sujeto en el Otro. Afecta la propia alienación a la estructura: si no ocurre, el lenguaje le será ajeno, hable o no hable. Es una pérdida, asimismo, que sostiene la intricación pulsional, en tanto expulsa el goce mortífero de un Otro absoluto.

Sin el efecto del sin sentido, no es posible incorporar la estructura del sentido. Hay un arraigo del lenguaje en lo forcluido del sentido.

En el seminario sobre el sinthoma, Lacan la propone como forclusión del sentido por lo real. Se trataría de vectorizaciones en tanto orientación de lo real. El orden de estas vectorizaciones remite a la pulsión de muerte, real en tanto que imposible ("el real de la muerte es que no puede ser pensada"). Y sostiene que en tanto algo está caído abajo, en lo simbólico, habrá algo a lo cual jamás damos sentido. Es decir, un imposible que impide la copulación infinita de imaginario y simbólico.

D) El lugar de la forclusión

En los términos establecidos por el ordenamiento de la carta 52, la forclusión golpea a nivel de la Percepción-Signo, donde se inscribe el primer cuerpo de significantes constituido por el borramiento de las huellas mnémicas.

El sujeto, como sujeto del significante, borra sus trazas: ahí queda rechazado de la cadena al mismo tiempo que se amarra (porque el Nombre del Padre amarra las cadenas).

En el texto primordial que se introduce en el sujeto, y que lo constituye como tal, no todo anda: una parte es arrojada afuera de lo simbólico. Lo que resta se organiza según relaciones metonímicas: sus elementos serán desplazados y deformados por obra de la Desmentida que opera entre Percepción-Signo e Inconsciente. Allí se organiza por relaciones causales, en carácter de significante (es el sitio del Representante de la Representación).

Lo que subsiste del texto será en parte sometido a la Represión, antes de poder re-inscribirse como Representación de Palabra en el Preconsciente.

Cada una de estas alteraciones constituye un orden de pérdida, agujero o laguna en el texto de la memoria. Aquella que la cura puede colmar, corresponde a las asociaciones interrumpidas por efecto de la Represión.

Cuando se trata del borde de la laguna, como alteración por desplazamiento de la historia del sujeto, queda la trama a rehacer. Pero cuando el borde de la laguna se borró junto con su contenido, sólo se ve de ella lo que reaparece en lo real para llenarla: es el efecto de la forclusión. Lo que retorna como real corresponde a su condición de irrepresentable; porque los fragmentos de saber que retornan en el modo de la alucinación, no pueden ser reconocidos como propios: como si jamás hubiera existido para el sujeto ese significante. No quiere saber nada aunque sabe que le concierne: ningún juicio, la forclusión es anterior al juicio.

En todo caso la condena: "lo que pienso no es verdad". Las Voces "falsifican mi pensamiento", declara Schreber en sus Memorias. Así, el significante paterno que organiza todo su delirio, no encontrará sin embargo el lugar de su inscripción, porque retorna desde otro espacio y otro tiempo para constatar su inexistencia.

Llamado tardío que no le será nunca posible responder. Llamado al significante paterno que retorna como real porque nunca pudo admitirse en su condición simbólica.

Por eso, quizás, se construirá en cambio una respuesta que revela el error fundamental: Schreber hará de Dios un padre por el sacrificio de su transmutación en mujer. Es el modo real en que el sujeto alcanza a traducir la posición pasiva frente al padre, la función de la feminidad. Función que, de haber alcanzado su estatuto simbólico, le hubiera dado acceso a su propia virilidad.

Notes
Bibliographie

Un recorrido de numerosos textos de Freud y de Lacan, y en particular el aporte de G. Pommier ("Logica de la Psicosis"); H.Yankelevich ("Ensayos sobre Autismo y Psicosis"); y de Solal Ravinovitch ("La forclusion").

Jmc@fibertel.com.ar